El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha anunciado este lunes que su departamento ofrecerá un mayor apoyo a aquellos ayuntamientos que «se comprometan» con la descarbonización, entendida ésta como una limitación del vehículo privado en favor del transporte público o la bicicleta: «A los que no lo hagan no les daremos ayudas», ayudas que irían principalmente, según sus palabras, «para la renovación de flotas».
Para Puente, el «problema está en las ciudades», añadía, y criticaba a aquellos ayuntamientos que, a su juicio, están dando marcha atrás en los planes de limitación del tráfico iniciados por las anteriores administraciones: «No podemos ser el único país de Europa que después de haberle ganado espacio al coche para dárselo a la bici y al peatón lo revierta. Eso está pasando en Elche, en Valencia, en Logroño o en Valladolid, y eso no puede ser».
Para el titular de Transportes, en el resto de Europa también se producen «resistencias cuando se ponen carriles bici», pero no se llevan a cabo lo que él considera como «retrocesos»: «El espacio que se gana [a los coches] es un espacio que se gana para siempre, pero en España no está pasando eso. Somos un fenómeno único en la Unión Europea».
Menos coches, más bicicletas
Por ello, Puente pedía a los alcaldes «que fueran responsables con la salud y con el planeta». Pero no sólo, ya que para el ministro de Transportes, no se trata únicamente de reducir el impacto ambiental (que sería nulo con un parque de vehículos cero emisiones), sino de limitar el uso del vehículo privado: «Creo sinceramente que ordenar el tráfico en las ciudades es bueno y va a beneficiar al ciudadano no solamente desde el punto de vista de la salud, sino también desde el punto de vista de la movilidad».
«Cuando seamos conscientes de que una mayor apuesta por el peatón, por la bici y por el transporte público a lo que conduce es a ciudades mejor comunicadas, a ciudadanos que se mueven de manera más rápida y más eficiente de un sitio a otro, nos daremos cuenta de que esta no es únicamente una cuestión de contaminación, sino también de eficiencia y de eficacia a la hora de moverse», concluía.
La contaminación como excusa
La lectura es evidente: no se trata de descarbonizar y reducir el impacto ambiental en las ciudades, un problema que se solucionaría con un parque de cero emisiones netas, sino que el fin último es desplazar al coche fuera de los entornos urbanos para priorizar el transporte público y la bicicleta.
Por lo tanto, cuando se habla de «responsabilidad con la salud y con el planeta» y de concentrar las ayudas en aquellos ayuntamientos «comprometidos con la descarbonización», lo que realmente se está diciendo es que esas ayudas irán destinadas a aquellos municipios que establezcan zonas limitadas al tráfico, apuesten por la peatonalización y reduzcan el número de carriles destinados al coche en favor de los carriles bicis.
La descarbonización es la excusa; el objetivo es poner coto al vehículo privado.

