“Somos los mejores innovando”, afirma Pablo Navarrete, alma máter de EAATA. La compañía puede definirse como una startup que lo ha vivido todo: en solo ocho años pasó de ser una academia de formación para cerrajeros del automóvil (Electronic Automotive Advanced Training Academy) a referente internacional en diagnosis para talleres.
Un recorrido tan singular como el de su fundador. Pablo Navarrete (1979), español “porque me siento de aquí”, nacido en Brasil, de madre brasileña y ascendencia alemana, padre catalán, es más habitual verlo con Air Jordan que con corbata y americana. Hermano mayor de tres, uno de ellos —Caio— dirige el área de Desarrollo de EAATA. Padre orgulloso de dos hijos, y un tipo con trayectoria tan única como la empresa que dirige.
Cambio de planes
A veces, el reportaje que uno tenía en mente cambia de rumbo: aquí, el capítulo empresarial de EAATA pasó a ser solo una parte de la historia del verdadero protagonista. Conocer a Pablo Navarrete -innovador y resiliente- es entender una empresa capaz de sobrevivir a tres años de vida y un confinamiento mundial, encontrando su sitio con visión y carácter.
Hoy EAATA emplea a cien personas desde Miami, y está presente en Estados Unidos, Brasil, Portugal y España. Pero sus orígenes distan de la imagen actual: “Mucha gente pregunta si EAATA es una empresa americana o una marca bajo licencia… Nada de eso. EAATA nació en la tercera habitación de mi piso alquilado en Barcelona”.
Hoy rozan los veinte millones de euros en facturación y preparan su desembarco en Italia y otros países europeos: “Nuestro modelo se ha demostrado perfectamente exportable”.
Pasaporte español y vocación internacional
Blumenau, ciudad fundada por colonos alemanes en Brasil, es origen y crisol de culturas para Pablo. Madre alemana, padre sabadellense: “Por ello tengo un pasaporte europeo —español— que me ha abierto puertas importantes”.
Estudió sociología porque quería ser político. A los diecisiete comenzó la universidad en Brasil, compaginándolo con trabajos: “El primero fue de comercial en InBev, y aquello me gustó más que mi vocación inicial. Tengo un primo diputado nacional y le ayudé en campaña, pero no me convenció. Además, mi padre me animó a trabajar una vez terminada la carrera: en mi casa había que ponerse sí o sí a ello, así que elegí las ventas”.
Entró en una empresa de software y pronto lo enviaron a Portugal: “Mis habilidades fueron importantes, pero también fue clave que tuviera el pasaporte español. No es fácil para quien no lo tiene dar el salto a Europa”.
El centro del mundo
Después de tres años vino otro salto: “Me ofreció Dell ser asesor comercial en banca, primero en Portugal y luego también en Madrid. Era época de vacas gordas en España”.
Pero llegó la crisis: “Dell era una escuela de ventas muy potente. Fue la primera marca de ordenadores que hizo venta directa al cliente final, sin intermediarios… Tras la crisis cambiaron el modelo y sobrábamos muchos empleados. Yo hice un acuerdo y me marché. Con 29 años volví a Brasil para montar una empresa de reciclaje de plásticos: mi primera experiencia como emprendedor”.
¿Y cómo fue? “Muy mal”, confiesa entre risas, “pero fue un grandísimo aprendizaje. Uno de tantos”.
Regresó a España pese a las advertencias sobre la crisis laboral: “Quería volver. Extrañaba vivir aquí, el estilo de vida. Europa está en el centro del mundo: estoy a diez horas de Miami y mañana podría estar en China. Soy inconformista, me encantan los retos y descubrir cosas nuevas, viajar. Creo que el ser humano es migratorio por naturaleza”.
¿Esto es negocio?
La primera semana en España ya estaba trabajando en automoción: “Quería probar algo relacionado con coches, porque me gustan mucho”. Entró en una empresa madrileña que vendía llaves de coches: “Me sorprendió el sector. Pensé: ‘¿Quién compra unas llaves de coche? ¿Esto es negocio?’ Me enseñó los números y cuadraban, así que diseñé un plan de negocio y de acción. Necesitaba trabajar y él tenía mucho stock por vender”.
“La cerrajería del automóvil es súper compleja y estoy muy agradecido: aprendí mucho”.
Eso despertó en Pablo la inquietud de crear su propio proyecto. Consiguió un inversor y convenció a su primer socio —quien salió de la empresa en 2023— y así nació EAATA en 2017.
El principio de todo
La EAATA original era un centro de formación para cerrajeros, con el foco inicial en compartir conocimiento a los técnicos sobre la electrónica aplicada a cerrajería y automoción. “Cerrajeras hay 4.000 en España, talleres 40.000… es por diez. Aunque eso lo supimos más tarde”.
La formación funcionó en Portugal, no en España. Ajustaron el modelo: pasaron a la venta especializada de llaves, hasta que analizaron el mercado y concluyeron que hacía falta una máquina multimarca: centrada en cerrajería y diagnosis.
En 2019, una empresa (OTOSys/Autel) lanza una máquina de programación de llaves con diagnosis: “Justo lo que buscábamos. Ellos nos oyeron y nos propusieron distribuir el producto. Era una gran oportunidad: diagnosis ‘pata negra’ de Autel y cerrajería. Fue un ‘boom’. Hicimos un evento en Carsmarobe y la gente abarrotó la sala pese al calor de julio”.
El mundo se paró… y cambió todo
En 2020 llega la pandemia. Pablo fue de los primeros diagnosticados con COVID en España, tras un viaje a China: “Lo pasé fatal, por poco no me voy al otro barrio”. Estuvo ingresado, al borde de la muerte: “El cuerpo respondió. Cuando llegué a casa, reuní a cinco personas clave en la empresa y les propuse un giro”.
En el hospital entendió el poder del contenido audiovisual en momentos de incertidumbre. “¿Por qué no hacer formaciones gratuitas y en directo por Youtube? Muchos profesionales estaban en casa, igual que nosotros. Aprovechamos recursos humanos y técnicos para llegarles”.
La fórmula funcionó: “Al principio había 50 espectadores, luego miles. Lo hicimos diez días, solo nosotros, después con más empresas. Cuando terminó el confinamiento, vendíamos veinte, treinta y cuarenta máquinas al día: la facturación explotó”.


A grandes problemas…
Tres años después, al cambiar la gestión de cuentas de Autel en España, la relación se rompió: “Las condiciones no nos interesaban, así que dejamos de vender la gama IM de Autel. Mientras buscábamos nuevo aliado —ThinkCar fue finalmente la opción— decidimos crear marca propia”.
“ThinkCar fue transición seria, pero el objetivo era desarrollar nuestra marca. No quería depender de terceros”, explica Pablo.
Actualmente sólo venden EAATA: “La EAATA 360 PRO —más que una máquina, una plataforma: diagnosis, programación de llaves, ADAS, diagnosis remota…— y la EAATA 90, centrada en diagnosis y diagnosis remota. Catálogo de altísima calidad, complementado por formación y soporte técnico, nuestros otros grandes baluartes”.
No fue fácil: “No es lo mismo vender Autel que ThinkCar. Lo pasamos mal, pero aprendimos mucho. Estoy mejor que nunca. Hemos pasado épocas difíciles, como cualquier empresa joven, pero lo hemos solventado. Estoy ilusionado con todo, sobre todo por lo que está por venir. Aprendí a saborear conquistas. Antes todo era sufrimiento por los números y el próximo mes. Ahora tenemos estabilidad y lo disfruto”.
El futuro: TAMSIA
Preguntado por la diferencia de EAATA: “Somos los mejores innovando”.
Lo que viene es la inteligencia artificial. “Con la IA, el taller será más autónomo y eficiente. Podrá pedir a la IA que le genere vídeo-soluciones en el momento. Nuestro ‘robot’ resolverá lo que el taller necesita y se lo entregará en formato amigable”.
Además, la herramienta TAMSIA, impulsada por IA y desarrollada por Óscar Muñoz y Carlos Aparicio, revoluciona la gestión de talleres: “Nos ayuda a ser eficientes. En España somos 25 personas, pero gracias a la IA somos como 250. TAMSIA puede ser un unicornio. EAATA estará muy cerca de su desarrollo”.
Unos vienen y otros van
“El inicio fue rápido. Nuestro socio inversor inicial se asustó por el ritmo. Llegamos a un acuerdo y nos quedamos con su paquete accionarial… Aunque después, el socio fundador y director técnico dejó la empresa en julio de 2023 tras una negociación no exenta de tensión”.
Ahora, “ha entrado un nuevo inversor importante que nos exige mejorar procesos y rendir cuentas. A veces no es cómodo, pero te obliga a avanzar”.
No me veía capacitado para ser el CEO
Sorprende que Pablo, como fundador, no sea CEO: “Hace más de un año decidí traer a alguien para esa función: Rafael Montero, brasileño que vive en São Paulo. Sinceramente, no me veía capacitado para gestionar una empresa internacional”.
Demuestra así humildad y autocrítica: “Uno debe saber hasta dónde llega. A mí hay cosas que no me gustan ni me hacen feliz. Me encanta innovar o trazar estrategias, pero detesto el Excel. Prefiero delegar en alguien que lo hará mejor”.


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