Publicado en la revista AUTOPOS 110
Que la entrevista tenga lugar en Consuegra no es una elección casual. «Es el pueblo donde nació mi padre y en el que pasé muchos veranos y navidades de mi infancia. Y, como 3RG es una empresa manchega, queríamos honrar nuestros orígenes”. La respuesta define bien a Ruth Díaz, directora general de 3RG: una mujer profundamente ligada a sus raíces, a su familia y a la historia de la empresa que hoy dirige.
A sus 43 años, Ruth lleva vinculada a 3RG desde prácticamente el inicio del proyecto. Entró con apenas 18 y, desde entonces, no ha trabajado nunca fuera de la compañía fundada por su padre, Gregorio Díaz, hace ya 25 años. Lejos de ser una circunstancia casual, su trayectoria responde a una vocación clara y temprana: “Cuando era pequeña y me preguntaban qué quería ser de mayor, yo siempre respondía lo mismo: ‘quiero ser como mi padre”. No como un ideal abstracto, sino como un modelo muy concreto de esfuerzo, constancia y forma de entender el trabajo.
Su historia es un reflejo de lo que es nuestro sector: inicios duros, trabajo constante, caídas, volver a levantarse y mucha pasión. Sólo por eso, conocerla merece la pena.
Por: Claudia Villegas Fotos: Piero Schiavo
Antes de entregarse en cuerpo y alma a 3RG, Ruth Díaz (Madrid, 17 de septiembre de 1982) intentó estudiar idiomas. No por vocación -como ella misma explica-, sino porque su padre la obligó. Teniendo en cuenta la personalidad rebelde de quien protagoniza estas líneas, el experimento, como era de esperar, no tardó mucho en fracasar. No era su vocación, asegura. “ Yo lo que quería era irme a trabajar con él y, como soy muy cabezota, al final lo conseguí”.
Su padre, Gregorio Díaz, fundador de 3RG, que trabajaba entonces en el departamento de exportación de una comercializadora de componentes para coche, cedió a la presión de su hija, pero con una condición: por las mañanas podría trabajar con él, pero por las tardes tendría que asistir a la academia de idiomas. Lo primero se cumplió; lo segundo, no tanto: “Aprendí a hacer los pedidos, preparando toda la documentación necesaria para los envíos a los diferentes países en los que esa empresa tenía clientes. Luego, por las tardes, cuando se suponía que debía estar en la academia de idiomas, hacía de todo menos estudiar”.
Tenía dieciséis años, y aquella experiencia no hizo más que reafirmar una idea que le rondaba la cabeza desde pequeña: “Cuando era niña y me preguntaban qué quería ser de mayor, yo contestaba: ‘quiero ser como mi padre’.
“Empezamos en el garaje de mi casa”
Tenía dieciocho años cuando un giro del destino la puso en el camino que la llevaría, con mucho trabajo y esfuerzo, a cumplir su sueño. “Mi padre pierde el trabajo en la comercializadora en la que trabajaba y decide que no quiere volver a hacerlo para otros, así que monta 3RG. Empezamos desde cero, en el garaje de mi casa, en Carabanchel. Fueron épocas muy duras. No teníamos nada. Bueno, casi nada. Teníamos una fotocopiadora con la que hacíamos los catálogos, y yo era la encargada de esa tarea. En una tabla de Excel iba poniendo cada producto en tres idiomas -inglés, español y francés-; mi padre me ayudaba con la traducción. Después recortaba las fotos de los productos, las pegaba y luego hacía fotocopias para armar el catálogo de lo que vendíamos. También, como sabía facturar y hacer la documentación de envíos, le echaba una mano a mi padre con esa parte”.
“Empezamos desde cero, en el garaje de mi casa, en Carabanchel. Fueron épocas muy duras. No teníamos nada. De un momento para el otro estábamos los cuatro en la calle, por así decirlo, ¿Y qué te queda? Pues buscarte la vida”.
Mientras sus amigos disfrutaban de la libertad de la mayoría de edad recién adquirida, Ruth trabajaba hombro con hombro junto a sus padres y su hermana: “De un momento para otro estábamos los cuatro en la calle, por así decirlo. ¿Y qué te queda? Pues buscarte la vida: ponte a embalar, a hacer fotocopias o a hacer lo que sea necesario para salir de esa situación. ¿Apetece? Pues no. Con dieciocho años lo que quieres es estar por ahí afuera pasándotelo bien en vez de encerrada ayudando a tus padres, pero es lo que toca”. Fueron años y circunstancias que la hicieron madurar de golpe.
Han pasado veinticinco años desde entonces y, en ese tiempo, Ruth no ha dejado de aprender, ni 3RG de crecer. “Gracias a que mi padre conocía bien el mercado, no tardamos mucho en crecer y en tener buenos pedidos. A los seis meses de arrancar ya nos planteamos buscar un sitio para salir de casa. Nos terminamos mudando a un local de 273 metros cuadrados, que era lo que nos podíamos permitir, y nada más entrar pensé, emocionada: ‘aquí ya nos podemos quedar toda la vida’. A los dos años nos estábamos cambiando a una nave porque ya no cabíamos en el local, y así, cada equis años, nos movíamos porque nos íbamos quedando sin espacio hasta que llegamos a la nave de Yeles”. Allí izaron bandera de forma definitiva. Hoy, los almacenes y oficinas de 3RG alcanzan los 4.000 metros cuadrados… y sumando.
Visión y ambición
Cuando mira hacia atrás para hacer balance de esos años, Ruth Díaz no duda ni por un instante en señalar a su padre como el principal responsable de la evolución de la empresa: “Aquí la visión de mi padre lo ha sido todo. Es un visionario, ve productos que no tiene nadie y los incorpora al catálogo de 3RG, porque su experiencia y conocimiento del sector son impresionantes. Es gracias a él que tenemos nuevos artículos que nos hacen brillar”.
Su padre -presente en la entrevista- no puede evitar intervenir una vez más para compartir el mérito y “dar al César lo que es del César”: “Ruth le ha dado su toque personal. Ella tiene una manera de hacer las cosas que es mucho más actual que la mía. Yo soy chapado a la antigua y tengo otras ideas. Su ambición ha sido el motor que ha impulsado el crecimiento de las ventas. Mientras yo me dedico a la búsqueda de nuevos productos, ella se encarga de vender. Desde hace unos años ya he relegado esa responsabilidad en ella, y nos va estupendamente”.
Se refiere Gregorio Díaz al crecimiento que ha experimentado la empresa en el último lustro, con subidas anuales en la facturación que se sitúan entre el 23 y el 25 %. “Es increíble: en cuatro años, prácticamente, hemos triplicado la facturación”.
“Aquí la visión de mi padre lo ha sido todo. Es un visionario, ve productos que no tiene nadie y los incorpora al catálogo de 3RG, porque su experiencia y conocimiento del sector es impresionante. Es gracias a él que tenemos nuevos artículos que nos hacen brillar”.
“Metí la pata en alguna ocasión”
También fue por su ambición que Ruth Díaz decidió salir de su zona de confort para abrirse al mercado nacional. “Yo no entendía cómo era posible que vendiéramos en Portugal pero que no tuviéramos ni un cliente aquí en España, así que se lo propuse a mi padre: ‘¿Y por qué no vendemos en España?’.
Lo de estar “en su terreno” fue, sin embargo, relativo. Ser de aquí no significaba necesariamente saber cómo se hacían las cosas, y muy pronto se dieron de bruces con la realidad del singular mercado español.
“Metí la pata en alguna ocasión”, reconoce con total naturalidad. “Y pido disculpas a esos clientes a los que les fallé en su día. Claro, es que al final no conocíamos el mercado. Estábamos acostumbrados al internacional, con pedidos muy grandes que el cliente hacía hasta con un mes de antelación. Con tiempos muy distintos a los de aquí. Nuestra forma de trabajar era muy diferente entonces. Aprendimos de nuestros errores, cambiamos lo que teníamos que cambiar y ahora tenemos una empresa que sabe responder a la dinámica del mercado nacional”.


Una gran familia
La 3RG de hoy conserva la esencia de los primeros días: la de una familia que se entrega en cuerpo y alma a un proyecto. Así es como se siente Ruth Díaz en su empresa: como en casa y entre familia. Una familia que ha crecido hasta alcanzar los cincuenta miembros.
“Son grandes profesionales todos, muy comprometidos con la empresa. Después de mi familia, son lo más importante para mí, porque por mucho que tengas conocimiento, ideas y ganas, si la gente no va contigo a tu paso, pues no funciona. Para mí, cada uno hace un trabajo valioso dentro de 3RG.
Empezando por el gran equipo de Ventas, que son los que están de cara al cliente y llevan nuestra marca y producto fuera. Pero detrás de ellos están todos los demás respaldando su trabajo, porque al final todo influye: si compras no funciona bien, almacén no funciona bien, y si el almacén falla, no podemos servir a nuestros clientes. Todos somos uno y tenemos que ir todos a lo mismo”.
“Empezamos aprendiendo del mercado, sin mucho volumen de ventas, pero dándonos a conocer… hasta que llegó Sara (Díaz) hace seis años y cogimos un impulso tremendo. En cuatro años prácticamente hemos triplicado el volumen de ventas”.
El garaje con producto apilado en los rincones, los catálogos fotocopiados y la calle adoquinada podrían parecer recuerdos lejanos en la memoria de los protagonistas de esta historia. Pero Ruth Díaz prefiere mantenerlos vivos como un recordatorio que le ayuda a seguir con los pies en la tierra y a saborear aún más el buen momento que vive como principal responsable de 3RG.
“Hemos partido de un nivel tan bajo, hemos pasado por tantas cosas y nos hemos esforzado tanto, que estamos disfrutando mucho de lo que somos hoy y lo lejos que hemos llegado”.

“Mis estudios no han sido los libros”
“Mis estudios, por así decirlo, no han sido los libros, sino la calle, el trabajar, el estar día a día de la mano de mi padre, aprendiendo de él”. Un proceso que no siempre fue fácil, ni para él ni para ella: “Cuando eres joven crees que te las sabes todas, pero ahí tenía a mi padre dándome caña todo el día. Hoy se lo agradezco porque cada vez que me corregía, me daba tanta rabia que solo pensaba en cómo hacerlo diez veces mejor para que ya no tuviese nada que corregirme. Aunque reconozco que él sólo lo hacía porque quería que yo aprendiera, esa parte rebelde mía pensaba: ‘¿Ah sí? Pues ahora te vas a enterar’.

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