No es una DANA cualquiera, es la más devastadora en la historia de España. Las palabras se quedan cortas para la dimensión de la tragedia y los números hablan por sí sólos: Más de 200 fallecidos -65 reportados sólo en Paiporta, epicentro del desastre-, medio centenar de desaparecidos, unas 400.000 personas afectadas en 35 municipios del interior y litoral de la comunidad, para un total de 2.500 kilómetros cuadrados que han sido gravemente impactados por las inundaciones y deslizamientos. Las comunicaciones con la capital valenciana también se han visto afectadas. A dos semanas del devastador paso de la DANA, la línea de tren que comunica a Valencia con Madrid continúa inoperativa y aún no hay una fecha estimada para su reapertura. De igual manera, 80 kilómetros de vías y carreteras de la comunidad presentan daños.
En cuanto al impacto en el sector de la automoción, las cifras también son desalentadoras y ponen de manifiesto el largo camino que tiene por delante para su recuperación. Las últimas valoraciones estiman que 459.000 vehículos han sufrido daños -60% de los cuales se declararán en siniestro total-, y aunque aún no se cuenta con cifras exactas del total de empresas afectadas entre los fabricantes y distribuidores de recambios, lo que sí se sabe es que aproximadamente 442 talleres y 200 concesionarios de la región han visto interrumpidas sus operaciones, con pérdidas conjuntas que podrían alcanzar los 200 millones de euros en ingresos.
Recuperación larga y costosa
Un escenario ‘de guerra’, como muchos coinciden, que deja unas pérdidas totales estimadas en 4.488 millones de euros. Y es que al ver las imágenes que no paran de llegar desde la zona afectada, no es difícil imaginar que la vuelta a la ‘normalidad’ será un proceso largo y también costoso, tal como afirma la agencia de calificación financiera Moody’s, que prevé que, tras las inundaciones, las finanzas locales sufrirán bastante presión, ya que las autoridades deberán incrementar el gasto en servicios esenciales como salud, educación y asistencia social, mientras que los ingresos fiscales disminuirán significativamente debido a la desaceleración económica generada por los daños. Un escenario que se agrava aún más si se suma a la ecuación que, incluso antes de la catástrofe, la Generalitat ya enfrentaba la mayor deuda pública entre todas las comunidades autónomas, alcanzando un 42% del PIB, según datos de Fedea.




























