Volkswagen estudia una de las mayores transformaciones de su historia reciente. El fabricante alemán trabaja en un plan de reestructuración que pasa por reducir de forma drástica la complejidad de su gama de modelos, ajustar su capacidad productiva y continuar con el proceso de reducción de plantilla iniciado hace meses, con el objetivo de recuperar competitividad en un mercado marcado por la presión de los fabricantes chinos, la ralentización de la demanda en Europa y el elevado coste de la transición hacia el vehículo eléctrico.
La dirección del grupo ha presentado las líneas maestras de esta estrategia en la reunión del consejo de supervisión celebrada este jueves. Uno de los pilares del plan consiste en reducir aproximadamente un 50% el número de modelos comercializados por la compañía. La intención no es únicamente eliminar vehículos de baja demanda o escasa rentabilidad, sino simplificar la oferta reduciendo también el número de versiones, motorizaciones y niveles de equipamiento. Según las informaciones conocidas hasta ahora, el fabricante pretende disminuir hasta un 75% las variantes disponibles para rebajar la complejidad industrial y los costes de desarrollo, homologación, compras y producción.
La reorganización también afectará a la estructura industrial. Volkswagen pretende adaptar su capacidad de fabricación a un mercado que ya no crece al ritmo previsto hace unos años. Diversas publicaciones sitúan el objetivo en reducir la capacidad anual de producción desde aproximadamente doce millones de vehículos hasta unos nueve millones, un ajuste que permitiría mejorar la utilización de las plantas y elevar la rentabilidad.
Ajuste de empleo
En materia laboral, Volkswagen ya había anunciado anteriormente un plan para reducir alrededor de 50.000 puestos de trabajo hasta 2030 mediante bajas voluntarias, jubilaciones anticipadas y otras medidas pactadas con la representación de los trabajadores.
No obstante, algunas filtraciones publicadas por la prensa alemana apuntan a un escenario de mayor alcance, con la posible supresión de hasta 100.000 empleos en todo el mundo -alrededor del 15% de su fuerza de trabajo global- y el cierre de varias fábricas en Alemania -el diario alemán Der Spiegel habla del cierre de cuatro factorías entre 2031 y 2034-. Estas cifras, sin embargo, no han sido confirmadas por el fabricante y, por el momento, forman parte de las hipótesis manejadas durante el proceso de revisión estratégica.
El grupo justifica esta transformación por la necesidad de adaptarse a un entorno mucho más exigente. Entre los factores que han deteriorado su posición figuran la pérdida de cuota de mercado en China frente a fabricantes locales, la presión sobre los márgenes en Europa, el exceso de capacidad productiva, el incremento de los costes laborales y el esfuerzo inversor que exige el desarrollo del vehículo eléctrico y del software.
El consejero delegado del Grupo Volkswagen, Oliver Blume, ha defendido la necesidad de convertir la compañía en una organización más ágil y eficiente para afrontar una industria inmersa en una profunda transformación tecnológica y competitiva.
¿Menos recambios?
Aunque la reestructuración se centra en la actividad industrial y comercial del fabricante, una simplificación de la gama también puede tener efectos sobre la posventa en los próximos años. La reducción del número de modelos y de variantes mecánicas contribuiría a disminuir la complejidad del catálogo de recambios, facilitar la gestión logística y reducir las referencias necesarias tanto en la red oficial como en el mercado independiente.
Por el momento, Volkswagen no ha detallado qué modelos desaparecerán ni cómo afectará la reorganización a las distintas plantas del grupo. Tampoco existen anuncios que impliquen a las fábricas españolas, que continúan desempeñando un papel relevante dentro de la estrategia de electrificación de la compañía.



