El gigante tecnológico ZF presentó ayer en una rueda de prensa internacional sus resultados del ejercicio 2025, confirmando un giro operativo que marca el inicio de su recuperación tras el año más difícil de su centenaria historia. La resiliencia financiera ha sido la protagonista de un periodo de transición en el que la compañía ha logrado generar un flujo de caja libre ajustado récord de 1.400 millones de euros, superando con creces los 500 millones previstos inicialmente. Este resultado contrasta drásticamente con el ejercicio 2024, cuando la firma se vio sumida en una crisis que derivó en pérdidas netas de más de 1.000 millones de euros.
Un alivio para el sector y para el gigante alemán, que venía de una situación crítica marcada por una deuda neta superior a los 10.400 millones de euros, cuyo origen está en las ambiciosas adquisiciones de TRW y WABCO, y que se volvió insostenible en 2024 debido al aumento global de los tipos de interés -sólo en intereses, la empresa terminó pagando más de 700 millones de euros anuales-.
Adiós al crecimiento por volumen
Bajo la dirección de Mathias Miedreich, quien asumió el cargo de CEO en octubre de 2025, ZF ha abandonado la ruta de la expansión masiva y ha decidido dar un viraje hacia la estrategia de rentabilidad estricta. «El rendimiento y la rentabilidad tienen prioridad sobre las ventas y el volumen», ha subrayado la dirección, reconociendo que la estructura del grupo se había vuelto demasiado compleja y burocrática, «incompatible» con el entorno actual.
Uno de los pilares de esta recuperación financiera ha sido el saneamiento de la División E (movilidad eléctrica). En 2024, esta unidad sufrió la cancelación prematura de varios proyectos y el estancamiento de la demanda de vehículos eléctricos, lo que generó pérdidas significativas. Sin embargo, en 2025, la división logró alcanzar el «cero negro» y volver a ser un contribuyente neto de efectivo para el grupo, gracias a la renegociación de contratos no rentables y ajuste de sus capacidades.
Desinversiones estratégicas y ajuste estructural
La hoja de ruta planteada por el nuevo CEO ha incluido «medidas dolorosas pero necesarias». El grupo ha iniciado la venta de su unidad de sistemas de asistencia al conductor (ADAS) a Harman por 1.500 millones de euros. Aunque esta operación supone renunciar a tecnologías punteras de software, permite reducir la deuda en un 10% de forma inmediata y centrar los recursos en sus competencias clave: chasis, transmisiones y vehículos comerciales.
En el plano laboral, la reestructuración sigue adelante con el objetivo de eliminar duplicidades. El número de empleados ya se ha reducido un 5% a nivel global, situándose en 153.000 trabajadores. En Alemania, el plan contempla el recorte de hasta 14.000 puestos para 2028, utilizando medidas como la jubilación anticipada.
Limpieza de balance para 2026
A pesar de la sólida generación de caja, ZF reportó una pérdida neta contable de 2.100 millones de euros en 2025. Este dato se explica por un cargo extraordinario de 1.600 millones destinado a limpiar el balance de activos sobrevalorados y resolver contratos costosos vinculados al pasado de la movilidad eléctrica. Con este movimiento, la empresa asegura que afronta 2026 «sin piedras en la mochila».
De cara al próximo ejercicio, ZF proyecta ventas estables superiores a los 38.000 millones de euros y un margen EBIT ajustado de entre el 4% y el 5%. Bajo el programa ‘Perform 26’, la multinacional articula todas las acciones con las que busca convertirse en una organización más ágil y menos dependiente del crecimiento del mercado, priorizando la eficiencia operativa interna para navegar en un entorno geopolítico que sigue siendo volátil.



