La industria alemana del automóvil se sigue desangrando al ritmo de la crisis de producción de vehículos que se vive en el Viejo Continente. Pocos días después de que Bosch anunciara un recorte de 13.000 empleos en Alemania de aquí a 2030, ZF Friedrichshafen ha confirmado la decisión de eliminar 7.600 puestos de trabajo en su división de propulsión electrifica (conocida como División E) en los próximos cinco años. El ajuste, que equivale a una cuarta parte de la plantilla de esa unidad, es el resultado de un acuerdo alcanzado entre la dirección, el comité de empresa y el sindicato IG Metall.
El recorte, aunque masivo, evita lo que parecía el peor escenario: la escisión o la venta de la División E: “Para nosotros era crucial que el negocio de sistemas de propulsión para turismos, el corazón de nuestra empresa, siguiera teniendo futuro en ZF y que la escisión de la División E se descartara”, destacaba el presidente del comité de empresa, Achim Dietrich.
Ahorro de 500 millones
El acuerdo no solo implica la pérdida de empleos, sino que también conlleva sacrificios para los trabajadores que permanezcan en plantilla. La jornada laboral en las plantas alemanas de Schweinfurt y Friedrichshafen se reducirá en torno a un 7% hasta 2027, con la correspondiente bajada salarial. Además, el aumento de sueldo del 3,1% previsto para abril de 2026 se retrasará a octubre, y los empleados de mayor rango no tendrán revisión salarial anual.
Con estas medidas, ZF calcula un ahorro de 500 millones de euros de aquí a 2027. “Hemos hecho concesiones, es cierto. A cambio, esperamos que ZF se posicione como un impulsor del empleo y un garante de buenas condiciones laborales para el futuro”, añadía Barbara Resch, directora del sindicato IG Metall en Baden-Württemberg.
Una crisis estructural
El trasfondo de esta reestructuración va más allá de ZF. La automoción alemana está sufriendo un ajuste de gran magnitud, especialmente en el lado de los proveedores, aunque también en el de los fabricantes de vehículos. Como decíamos al inicio, Bosch anunció la semana pasada la supresión de 13.000 empleos, mientras que Volkswagen recortará 35.000 hasta 2030. No olvidemos la situación de Mahle, que ha planteado en España el despido de 740 personas en sus instalaciones de Motilla del Palancar (Cuenca) y en el centro de I+D de Paterna (Valencia).
Asimismo, y aunque los motivos son otros, el grupo estadounidense First Brands Group (Airtex, Trico, Autolite, etc.) se ha declarado en bancarrota ante la dificultad de afrontar su enorme deuda.
Estos casos evidencian un fenómeno común: la transición hacia el vehículo eléctrico y los nuevos modelos de movilidad, lejos de ser un camino lineal de crecimiento, está poniendo contra las cuerdas a los proveedores tradicionales, que afrontan a la vez el estancamiento del mercado europeo, la presión arancelaria internacional y una competencia china cada vez más agresiva. En paralelo, los proveedores cargan con elevadas deudas y sobrecapacidad en tecnologías que el mercado todavía no demanda al ritmo previsto.
Cambio de estrategia
En paralelo a los recortes, ZF reorientará su hoja de ruta en electrificación. Suspenderá proyectos en productos como los convertidores de corriente continua, cargadores a bordo y ejes de viga eléctricos, y concentrará recursos en áreas con mayor potencial de mercado, como las transmisiones híbridas y su sistema de gestión térmica TherMas para vehículos eléctricos.
El consejero delegado de ZF, Mathias Miedreich, ha reconocido que el camino será difícil: “Somos conscientes de que el camino hacia este objetivo implicará importantes recortes de personal. Ahora debemos superar juntos estos tiempos difíciles por el bien de la empresa”.
El acuerdo alcanzado en Friedrichshafen es, de momento, un salvavidas para la División E, que seguirá siendo parte del grupo. Pero deja en evidencia el dilema de fondo: cómo mantener el empleo y la competitividad en una industria que está redefiniendo sus reglas bajo la presión de la transición tecnológica y geopolítica.



