La Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos (AECA-ITV) reunió hoy a medios de comunicación especializados en una rueda de prensa online para presentar ‘Una radiografía del estado del parque de vehículos en España’, un informe que repasa la antigüedad y el kilometraje del parque, los resultados de las inspecciones técnicas de 2025 y el comportamiento de los conductores que evitan pasar la ITV. La presentación, a cargo de Guillermo Magaz, director gerente de la asociación, se apoyó en datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) y del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (MINTUR).
Un parque más viejo y con más suspensos
El primer mensaje de la jornada fue de alerta: tras la ligera reducción registrada en 2024, la antigüedad media del parque español vuelve a crecer en 2025 hasta los 15,2 años, el segundo dato más alto de los últimos ocho años. La tendencia de fondo es clara: mientras que en 2017 el 35% del parque tenía más de 15 años, en 2025 ese porcentaje ha subido al 49%, es decir, uno de cada dos vehículos que circulan por las carreteras españolas supera ya esa edad. La asociación reconoce, no obstante, que el achatarramiento de los vehículos más veteranos ha experimentado un leve incremento -en 2025 se han retirado de la circulación unos 800.000 vehículos de más de 15 años- y que el parque más joven, de 0 a 4 años, también crece de forma notable.
Sin embargo, esa antigüedad no se reparte por igual entre categorías, y ahí es cuando aparece la primera conexión directa con la ITV: los vehículos más antiguos -camiones, con 18,7 años de media, y furgonetas, con 17,7- son también los que más kilómetros acumulan (los camiones de más de 12 toneladas rondan los 560.000 km de media) y, según los datos presentados, los que registran peores resultados en la inspección; es decir que a más años y a más kilómetros, más suspensos en la ITV. Mientras los vehículos agrícolas (87%) y las motocicletas (84%) son los que más superan la ITV, los furgones y camiones de más de 3.500 kg (71%), los autocares (73%) y los furgones de menos de 3.500 kg (74%) son los que más la suspenden.
Cóctel mortal
La consecuencia de ese envejecimiento y ese peor estado técnico se traslada, según AECA-ITV, directamente a la siniestralidad. El peso de los vehículos de más de 10 años y sin la ITV en vigor entre los implicados en siniestros con víctimas mortales ha aumentado en todas las categorías entre 2019 y 2024, y el incremento es especialmente pronunciado en los camiones de más de 3.500 kg, donde sube un 56%. En furgones y camiones ligeros el aumento es del 14%, en turismos del 13% y en motocicletas del 10%. Para la asociación, un mayor control y una mayor concienciación sobre el estado técnico del vehículo podrían reducir a mínimos este factor de riesgo en las carreteras.
Alumbrado, emisiones, ruedas y frenos: los que más fallan
Al detallar los fallos graves, el informe señala que el 75% se concentra en solo cuatro sistemas del vehículo. Por orden de importancia, alumbrado y señalización (23,1% del total de defectos graves), emisiones contaminantes (22,3%), ruedas y suspensión (20,1%) y frenos (11,4%) copan prácticamente tres de cada cuatro incidencias graves, muy por delante de la dirección, la carrocería o el motor y la transmisión. Además, según AECA-ITV, las emisiones contaminantes son el sistema que más crece en proporción de defectos respecto a años anteriores.
El reparto cambia según el tipo de vehículo, lo que permite afinar el diagnóstico por segmento: en los turismos y en los taxis y ambulancias predominan las emisiones contaminantes (26% y 39% de sus defectos graves, respectivamente); en motocicletas y furgonetas, el alumbrado y la señalización (33% y 23%); y en los camiones de más de 3.500 kg, los frenos (26%). La fotografía es nítida: el parque español falla, sobre todo, por luces, emisiones, neumáticos/suspensión y frenos, y lo hace de forma distinta según el uso que se le da a cada vehículo.
El miedo al bolsillo vacía las estaciones de ITV (y los talleres)
Los dos datos anteriores -un parque cada vez más viejo y un catálogo muy concentrado de fallos graves- dibujan, en principio, un escenario favorable para el taller independiente y la distribución de recambios: más vehículos de edad avanzada significan más mantenimiento preventivo y más piezas de desgaste en juego, justo el terreno donde compite la posventa multimarca. Sin embargo, la propia AECA-ITV pone el foco en la realidad social que esconde este envejecimiento: el absentismo en las inspecciones se mantiene por encima del 30%, lo que significa que uno de cada tres conductores evita pasar la ITV. Incluso si se analiza solo el parque de menos de 25 años, el incumplimiento se sitúa en el 15% con la misma tendencia.
Detrás de este porcentaje hay una realidad económica. Según explica la asociación, una parte importante de estos usuarios no acude a la inspección por el temor a no superarla y, sobre todo, porque el coste de la reparación les resulta inasumible frente a la cuantía de la sanción por circular sin la ITV en vigor. Esta bolsa de vehículos fuera de juego representa una oportunidad perdida tanto para la seguridad vial como para el sector. Para captar a estos clientes, el taller independiente tiene margen para actuar antes de que el usuario decida no ir a la estación, posicionándose con diagnósticos accesibles, presupuestos transparentes y fórmulas de pago fraccionado que alivien la barrera del coste percibido.
Retrasar la ITV sale caro en dinero y en vidas
El informe añadió un último dato que conecta directamente el calendario de la inspección con el bolsillo del conductor y con la seguridad en la carretera. Cuanto más se demora un vehículo en pasar la ITV, peor es su estado: retrasar la inspección entre 0 y 6 meses implica un 30% más de defectos graves o muy graves; entre 6 y 12 meses, un 51% más; y más de 12 meses de retraso eleva esa cifra hasta el 65% más. Esos mismos vehículos rezagados son, además, sensiblemente más viejos —la antigüedad media pasa de 15,2 años sin retraso a 19,3 años cuando el retraso supera el año, 4,1 años más—, lo que retroalimenta el problema: a más edad, peor estado; a peor estado, más rechazo y más coste de reparación cuando finalmente se pasa la inspección.
Ese mismo retraso tiene un correlato en la siniestralidad: como recoge el bloque de datos sobre falta de ITV, el peso de los vehículos veteranos sin la inspección en vigor entre los implicados en accidentes con fallecidos crece en todas las categorías, con un salto del 56% en los camiones más pesados. AECA-ITV resume así el mensaje central de su comparecencia: posponer la ITV no es solo una infracción administrativa, sino una decisión que multiplica tanto el gasto futuro en reparaciones como el riesgo de que ese vehículo termine implicado en un siniestro grave. Para el taller y la distribución de recambios independiente, el mensaje se traduce en una oportunidad de comunicación clara: una revisión preventiva antes de la cita con la ITV no solo evita un rechazo y una segunda visita a la estación, sino que se sitúa del lado correcto de un problema que la propia asociación define, sin matices, como una cuestión de seguridad vial.

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