El día a día de un taller es duro, muy duro. No voy a victimizarme; cualquier pequeña o mediana empresa necesita de unos niveles de trabajo y sacrificio muy por encima de lo humanamente soportable en muchos casos, e implica muchísimas noches sin dormir, preocupaciones y una constante atención al detalle.
Sin embargo, el taller tiene una serie de especificidades que lo hacen especialmente complicado de gestionar. En primer lugar, el personal productivo es escaso y especializado, lo que implica mucha dificultad a la hora de encontrar perfiles debidamente cualificados que alcancen la productividad y los niveles de calidad adecuados. En segundo lugar, la gran mayoría de nuestros clientes son clientes “compartidos”, ya sea con una aseguradora, un rénting o alguna flota. No sólo tenemos que cumplir con nuestros estándares de calidad, sino que además hay que hacer extensivos a nuestros procesos y forma de trabajar los estándares de calidad de terceros, que pueden ser muy diversos y que, en muchos casos, van en contra de nuestra propia rentabilidad. Y, por último, la gestión de la tesorería de nuestro negocio puede encontrarse en manos de terceros de forma indirecta, lo que nos puede generar problemas de impagos y de retrasos en nuestra gestión de proveedores.
Analicemos este último punto con detalle, porque es uno de los más críticos y uno de los que pone más en peligro nuestra viabilidad y el servicio que prestamos. Nuestra función es reparar, no sólo reparar, sino hacerlo con la debida diligencia, eficiencia y calidad en todos los pasos del proceso, desde el primer contacto con el cliente hasta la entrega del vehículo. De ahí tiene que venir nuestro beneficio, porque somos empresarios. Nosotros reparamos y el cliente (o su aseguradora ) nos paga. Es un intercambio justo de servicios por una retribución económica.
Pero ¿qué sucede cuando el proveedor de trabajo está pagando por nuestro servicio, pero nosotros no recibimos el importe en tiempo y forma? Este caso es tremendamente común cuando trabajamos con intermediarios, con redes de talleres cuyos clientes no nos pagan de forma directa. Una vez que emitimos la factura (cuando no la emite la propia red en nuestro nombre), la aseguradora abona dicha factura a la red, y es la red la que decide cuándo nos paga. Este decalaje entre el momento en el que la aseguradora nos retribuye nuestro trabajo y cuando realmente recibimos el dinero puede alargarse hasta 45 o 60 días, generándonos una tensión de tesorería completamente insoportable. Nosotros pagamos los sueldos de nuestros empleados cuando nos toca, los seguros sociales y los impuestos cuando nos tocan y a nuestros proveedores cuando nos toca, entonces ¿por qué debemos esperar a la voluntad de alguien, que no es el prestatario del servicio de reparación, que no ha incurrido en ningún tipo de coste para realizarla y que cobra su comisión por dicha reparación (en la que no participa) mucho antes de que el taller reciba su pago? ¿Debe el taller financiar la actividad de la red, en contra de sus propios intereses y su viabilidad financiera, cuando además está pagando religiosamente su comisión? ¿Cómo responden las redes cuando se retrasan de forma estructural en los pagos, hasta varios meses, sin ningún tipo de explicación coherente? ¿En qué se están gastando nuestro dinero?
Un taller no es un banco. No podemos financiar a redes y aseguradoras. Evidentemente, un tiempo razonable de espera es lógico, pero no asumir los dislates en la tesorería ni la mala gestión de pagos y cobros por parte de una red que mueve millones de euros al mes. ¿Están usando nuestro dinero para financiar sin intereses otros proyectos mientras nosotros tenemos que pedir créditos y endeudarnos para poder hacer frente a nuestros pagos? ¿Hay una adecuada gestión del circulante en estas empresas que cada vez aportan menos valor? ¿Son las aseguradoras y los proveedores de trabajo conscientes de que, el dinero que están abonando, tarda meses en llegar a sus reparadores? La situación es insostenible. Hay que poner pie en pared.




¿Proveedor de trabajo? ¿Los talleres son tal inútiles que no saben diferenciar a sus clientes? Clientes son lo que necesitan los talleres, no proveedores de trabajo.
Además de p… poniendo la cama. Pues cobra las facturas de los trabajos a tus clientes, y que los demás se apañen con sus clientes los reembolsos.
Es alucinante la cantidad de pájaros que os meten en la cabeza a los talleres.