Tener cita inmediata en un taller se ha convertido en una tarea complicada, también en Baleares. La elevada demanda de servicios, sumada a la falta de piezas y la escasez de personal, convierte la gestión de estos negocios en un desafío más allá de la reparación y el mantenimiento de vehículos.
Joan Sureda, vicepresidente de Aberan -la asociación de talleres de Baleares-, advierte de la complejidad actual del sector y de los retos a los que se enfrentan los pequeños empresarios: «Muchas veces perdemos horas que podemos dedicar plenamente al trabajo en el taller, pero hay que gestionar recambios, proveedores…», explica, refiriéndose a las labores administrativas que ocupan gran parte del tiempo del personal.
Sureda señala que el problema principal es la carencia de mano de obra cualificada: «La gente que sale de los institutos necesita, además, un tiempo de formación», comenta, añadiendo que los grandes concesionarios suelen tener ventaja: «Los que salen de los Grados Superiores de Formación Profesional deben hacer las prácticas en talleres que abarquen todas las ramas, y los que pueden ofrecérselo son los concesionarios. Ahí, los talleres pequeños perdemos esa opción».
Desde Aberan calculan que «hacen falta más de 1.000 profesionales en Baleares. Cada vez hay menos mano de obra y menos mecánicos». Sureda añade que «no hay gente joven con experiencia» y denuncia la falta de relevo generacional: «Cuando un taller cierra por jubilación, ya no sigue en marcha». Su propio taller se encuentra en Son Cladera, frente al instituto Juníper Serra, considerado una de las grandes ‘canteras’ de mecánicos de Mallorca.
Recambios, citas y acumulación de trabajo
La imposibilidad de ofrecer citas rápidas se explica por varios factores: «Hay menos talleres, más coches, porque el parque crece, pero también es más viejo y demanda más reparaciones. A ello hay que sumar esa falta de mano de obra», comenta Sureda. Además, denuncia «la dificultad de la falta de recambios«, lo que provoca un «colapso en muchos talleres, que no pueden atender como y cuando toca a sus clientes».
Sureda ejemplifica la situación con experiencias propias: «Cuando les dices a los clientes que no puedes coger el coche en unos días, se van a otro taller, les dicen lo mismo, o peor, y acaban volviendo. Es la realidad…«.
En su caso, fija citas con un mínimo de quince días de antelación: «Si es una cosa rápida, puedes bajar ese plazo a una semana, pero si son reparaciones más grandes o serias, no bajas de dos semanas a un mes», dice pidiendo paciencia a los usuarios.
La acumulación de vehículos genera también inconvenientes logísticos y vecinales: «La grúa nos deja el coche y lo tenemos que aparcar en la calle, y si podemos, meterlo dentro de noche. Y no le digo los que están en la zona ORA, que hacen malabarismos para moverlos y cambiar los tickets», relata.
Costes y posibles soluciones
El incremento de los costes repercute directamente en los presupuestos y precios finales: «Dicen que somos caros, pero los costes cada vez son más altos y el margen de ganancia en ocasiones mínimo. En el caso de los recambios, son caros y eso no lo podemos evitar», apunta Sureda.
Entre las posibles soluciones, menciona la contratación de personal extranjero, atraer trabajadores de fuera y potenciar la formación de jóvenes. Aberan incluso ha planteado la creación de un aula escuela: «Cada curso salen de los centros de formación unos 30 nuevos mecánicos, pero no bastan», asegura, destacando la FP Dual como un modelo efectivo que combina formación con prácticas remuneradas: «Todos están colocados». Sureda confía en que surjan «nuevas vocaciones y oficio entre las nuevas generaciones2 para mitigar la problemática de mano de obra que afronta el sector.



