En uno de sus últimos informes, la empresa especializada en soluciones tecnológicas para la gestión de siniestros y reparación de colisiones Mitchell, realizaba una comparativa del tipo de reparaciones, y el coste que para los talleres suponen los eléctricos y los vehículos de combustión. Vamos a ver las principales conclusiones, extraídas en 2023, un año en el que el volumen de reclamaciones por accidentes de eléctricos creció en Estados Unidos y Canadá más de un 40 % en 2023 -cuando se vendieron más eléctricos nuevos que nunca, más de 1,2 millones en EE. UU-.
La gravedad media de los siniestros en los vehículos eléctricos recogidos por el informe cayó un 5 % respecto al año anterior, aunque el coste de las reparaciones superó a los de los vehículos con motor de combustión interna. En EE. UU., reparar un eléctricos costó de media 6.621 euros en 2023, frente a los 5.165 euros que costó el de combustión. En Canadá, la diferencia es todavía más pronunciada: 7.474,5 euros del eléctrico, frente a a 5.634,2 euros en el de motor de combustión, con un aumento del 8% en la gravedad de los siniestros de los eléctricos.
Esta diferencia de costes se debe, en parte, a la complejidad técnica de los eléctricos: los modelos de 2020 en adelante presentan un 50% más de probabilidad de requerir intervenciones relacionadas con sensores de los sistemas ADAS, en comparación con los de combustión, lo que implica mayor necesidad de calibración y especialización por parte de los talleres.
Otro aspecto clave es la reparabilidad de las piezas. Los vehículos eléctricos tienden a incorporar materiales ligeros para compensar el peso añadido por las baterías, como el aluminio o compuestos plásticos, que, sin embargo, complican la reparación de sus componentes. En 2023, solo el 12% de las piezas de eléctricos fueron reparadas, frente al 15% que lo fueron en los vehículos de combustión.
Además, el informe destaca que el mayor peso de las baterías también aumenta el número de veces que saltan los airbags en una colisión: la frecuencia de despliegue fue del 3,62% en eléctricos, frente al 2,45% en los coches de motor tradicional. Este detalle, aunque relacionado con la seguridad, supone una subida significativa en los costes de reparación, ya que implica sustituir componentes adicionales, desmontajes más complejos y seguir estrictos protocolos de seguridad.


