La relación de los talleres de carrocería con las aseguradoras se rige por el miedo. El miedo y el síndrome de Estocolmo (ya sabéis, ese que lleva a los secuestrados a pensar que sin su captor no podrían sobrevivir… hay rehenes que incluso se enamoran). Sólo así se entiende lo que nos ha sucedido hace apenas unos días.
Porque Aprotalleres organiza un evento en Sevilla el próximo 5 de noviembre y para conocer un poco más a fondo los porqués de esta cita quisimos viajar a la capital andaluza para hablar con los empresarios. Hay que estar donde está la noticia y en eso ningún otro medio como La Comunidad del Taller.
Atentos durante las próximas horas a nuestro medio porque el reportaje editado por nuestra periodista Lara García no tiene desperdicio.
El caso es que quienes se pusieron delante de la cámara fueron tan atentos con nosotros como siempre, prestándose a todas las preguntas que les planteábamos y facilitando al máximo nuestro trabajo. Gracias a todos ellos. Pero fue curioso comprobar cómo a pesar de ser ellos los primeros interesados en que el evento tenga la mayor trascendencia posible, llegando en su compromiso incluso a ponerse delante de la cámara para conseguir hacer llegar el mensaje, todos ellos nos pidieron que al publicar el vídeo ni su nombre ni el de su negocio aparecieran por ninguna parte…
En pleno siglo veintiuno el miedo no puede ser la clave que gobierne ninguna relación empresarial. El abuso de poder no puede ser el eje sobre el que pivote la relación con los talleres en compañías que de puertas para afuera no dejan de hablar de sostenibilidad… Es incomprensible.
“Hay un elefante en la habitación”
Y aquella primera reflexión me llevó irremediablemente a otra. ¿Cómo puede ser que el sector permita que esto suceda? ¿Cómo puede ser que compañías proveedoras -en muchos casos multinacionales, pero en otras de carácter local- bailen el agua a través de múltiples acuerdos a aquellos que desde hace años empobrecen nuestro sector? ¿Cómo puede ser que este sector esté tan podrido?
Y es que me da igual que lo que escribo moleste: el sector de la carrocería está podrido.
Lo que más pena me da es que en ese proceso de putrefacción, que ha sido paulatino, han intervenido estas empresas proveedoras que después se dan golpes de pecho en cualquier congreso de talleres que se precie. Y es que aunque hay proveedores que han salido de esta rueda, los que son parte del problema siguen siendo mayoría.
“Hay un elefante en la habitación” es una frase comúnmente utilizada en el mundo empresarial -y no sólo- para identificar aquellos problemas que aunque son evidentes son ignorados o simplemente evitados, a pesar de su incuestionable presencia o relevancia.
Hasta ahora ese elefante era la relación de las compañías de seguro. Todo el mundo lo sabía, pero todo el mundo lo ignoraba o evitaba hablar de ello. Sin embargo, ese primer umbral se ha roto, siendo ya muchos los empresarios que empiezan a rebelarse contra estas prácticas y cada vez más numerosas las entidades que hablan de forma contundente de un problema que ahora todos convenimos que hay que resolver. Bien, el camino ha empezado. Pero hay que seguir…
El siguiente elefante que habría que lograr poner encima de la mesa es el de aquellas compañías que, viviendo del taller -porque al final dependen de que estos monten o utilicen sus productos-, favorecen las prácticas que resultan abusivas por parte de los proveedores de trabajo y que contribuyen a que el sector esté al borde del abismo. No vale jugar a dos bandas, o se está al plato o se está a las tajadas… Sigue habiendo un elefante en la habitación, pero hay que empezar a hablar de ello.



En Bruselas está nuestro futuro y si no se arregla ahí esto va a ser canibalismo puro y duro
Yo ya no tengo esperanzas en Europa, son todos una banda de vividores, podridos como decía el compañero. Para mí la solución sería la unión del sector, pero como ya sabemos, aún existen muchos esquiroles a los que les gusta comer mucho y no tener nada en el plato. Cada vez me dan más pena. El que quiera se puede unir al método que yo uso en mi negocio, que es mío (y no hay que olvidar esto). Os cuento cómo lo llevo a cabo: creo que con la mitad de las compañías que frecuentan el taller ya no tengo crédito, pero el cliente quiere mi trabajo, así que se queda conmigo, y las compañías a pagar. Y la verdad es que también se vive y mucho más tranquilo, y con la satisfacción de no fastidiar al compañero del sector. Para mí esta es la solución, ser valientes. Así le damos la vuelta a estas sanguijuelas. Y si no os animáis yo seguiré mi camino y os digo que resulta. ¿Si son tan listos por qué no montan sus talleres? Porque les sale más rentable ordeñar al trabajador y es limpio de polvo y paja, nunca mejor dicho. Un saludo y no tengáis miedo.
Me interesa tu método.
Contáctame a [email protected]
¡Buen post, Carlos!
Creo que hasta que no se consiga una unión de los talleres, empezando a pequeña escala (ciudades, provincias, comunidades…) estará difícil la cosa. Es incomprensible trabajar a precios ridículos en tiempos donde todo está en auge y no hay mano de obra suficiente. Lo único que se está consiguiendo es que el poco personal que hay en el sector deje de trabajar en él y se vaya a otro con mejores condiciones.
Saludos.