Estaba en el taller que mi familia tiene en Alcalá de Henares, cuando entró un cliente. Venía a recoger su coche y, en el momento de pagar, la conversación que mantuvo con mi padre me dejó perpleja.
“¿No me vas a hacer un descuento?”, le dijo a mi padre. “Entre mi coche, el de mis tres hijos, el de mi mujer… te hemos hecho el mes”.
Y aunque seguro que el cuerpo le pedía otra cosa, mi padre le contestó muy amablemente: “Aquí viene el que quiere. Pasamos nuestro presupuesto y si lo aceptas, se repara; si no, pues no. Mira cómo tenemos el taller… hasta arriba”.
Supongo que estaréis pensando que mi padre fue demasiado educado… Y quizá yo también (jeje)
Pero no sufráis, era un ejemplo de ficción para explicar lo que realmente quería contar. Y hablo del rénting, que ya vuelve a ser cada vez más tema de conversación en el taller -y sobre todo las redes de talleres- independiente.
Todos sabemos la complicada situación de rentabilidad -de pérdidas en muchos casos- que viven los talleres de carrocería por sus relaciones comerciales con las aseguradoras, a los que el ‘caramelo envenenado’ del volumen de trabajo los volvió esclavos con precios de mano de obra irrisorios y prácticas abusivas por parte de unas compañías de seguros voraces que los mantienen atados de pies y manos. El sector de la carrocería cedió y hoy, fijaos, tremendo problema.
Por eso, me dirijo al taller mecánico: no caigáis en la trampa. Los rénting os necesitan, pero vosotros a ellos no. Tenéis vuestros propios clientes, estáis hasta arriba de trabajo. Valoraos. No regaléis vuestro trabajo.
Con esto no digo que no se pueda trabajar con grandes clientes, lo que quiero es que se haga con criterio, sabiendo que antes que el volumen está la rentabilidad. En un taller, como en cualquier empresa, el propósito de abrir cada mañana la puerta es ganar dinero. Si los rénting no regalan su trabajo, ¿por qué íbamos a hacerlo nosotros con el nuestro?
Tenéis una libertad por la que otros lo darían todo. No la comprometáis a cambio de algo que no necesitáis. Si lo hacéis, que merezca la pena.
Vosotros sois los responsables de vuestras reparaciones, quienes dais la cara, los que os jugáis la reputación de vuestras empresas, los que por dar servicio a estas compañías en ocasiones ponéis en riesgo la atención que prestáis a aquellos clientes de los que realmente vive vuestro negocio, los que vivís, en definitiva, con la presión. Y eso se tiene que pagar.
Se puede decir que sí al rénting, pero no a cualquier precio.
Respeta tu negocio y valora tu libertad. Quizá cuando la eches de menos será demasiado tarde.




Completamente de acuerdo. El día que aparezca una nueva oportunidad de mejora en el «beneficio» para el renting, este cambiará de taller, y apostará por una nueva «víctima» que acepte sus propuestas. Y mientras tanto, el taller habrá dejado de lado al que verdaderamente le da de comer todos los días, al cliente de su zona fiel y agradecido porque recibe servicio, atención y ayuda. Este cliente no busca descuento, no siquiera rapidez, ni ningún privilegio. Simplemente aporta fidelidad a cambio de un buen hacer diario en cada necesidad que tiene. No perdamos el norte!!