«‘¿Quién seguirá reparando mi coche cuando te jubiles? Porque a ti te queda poco, ¿no? ¿Se quedará alguno de tus mecánicos el taller?”. Esto le preguntaban al gerente de uno de nuestros talleres clientes. Lo oí mientras estaba haciendo consultoría en su ‘casa’.
“¿Tu hijo no quiere saber nada del taller? Antes se le veía por aquí…”. Es lo que escuchaba el otro día que le preguntaban a otro de nuestros clientes…
Nada que no sepamos ya, los propietarios del 17 % de los talleres están visualizando su jubilación de manera inminente, pero no todos tendrán un relevo. Mientras, el parque se mantiene, cada vez es más antiguo, y por tanto aumentará el número de coches que tendrá que reparar cada taller. ¿Esto es buena o mala cosa?
Soy de los que piensa que es mejor administrar riqueza que pobreza, pero también tengo la certeza de que el volumen no es igual a rentabilidad, al menos mal gestionado.
El taller tiene un problema en la gestión del volumen. Y desde luego, la solución no pasa por la agenda que con tanto cariño les obsequia el distribuidor por Navidad.
Los talleres que piensan igual que yo, son aquellos que miran en su programa de gestión… y tampoco. Esa agenda del programa tampoco sirve para administrar el volumen en la mayoría de los casos.
Porque sí, hay buenas herramientas en alguno de los DMS de taller (programas de gestión), aunque tan pocos que me sobran dedos de una mano si los cuento. Incluso el taller que tiene una agenda en su programa, en su mayoría, desconoce el módulo y/o no sabe cómo utilizarlo correctamente para la gestión de las cargas de trabajo.
Uno de los motivos es que el taller piensa que hay que vivir de esa manera: “Es lo que hay”, dicen; otro, es que el que les vendió el programa, casi con toda seguridad, no sabía de la existencia de dicho módulo. No es el que ha desarrollado la herramienta y además piensa que su cliente ya tiene bastante con abrir una OR, descargar sus albaranes y facturarla.
Los proyectos nacen de una idea, y estoy convencido de que para algunos la idea es facilitar un programa al taller para “atarlo” más a sus intereses. Nada que objetar, ya que son soluciones buenas para su cliente, el taller. Pero sí que deberían haberse dejado asesorar, haberse preocupado por conocer la realidad de su cliente y evidentemente formar al comprador -el taller- en las funcionalidades del mismo.
Porque gestionar bien el volumen de trabajo con el soporte de una buena herramienta es fundamental para el resto de los procesos. Y ahí hemos dejado solo al taller… no tiene mucho donde elegir.
El taller evidentemente debe cambiar hábitos.
Hay que saber decir que NO y administrar bien esas entradas, especialmente las de difícil diagnóstico. Si le sueltas a tu cliente el “pásate, déjame el coche y en cuanto pueda te lo miro”, estás empezando a enterrar la rentabilidad de la empresa. Y cómo no, saber a qué decir que NO, aunque tu capacidad te lo permita. Saber para qué servicios estás capacitado, conocer la rentabilidad de los trabajos y qué productos son los que te conviene vender.
Taller, un consejo: no veas coches, son cantidad de horas. No veas coches, son personas.
Con relación a esto, estaba visitando un taller -estábamos trabajando con el propietario y la chica de la recepción en cómo gestionar esas citas y las cargas de trabajo con una herramienta, que nada tiene que ver con el taller, gratuita y al alcance de cualquier persona en internet- cuando entró el comercial de un distribuidor. Y ahí surgió una interesante conversación.
El propietario nos presentó y este comercial se interesó por lo que estaba haciendo en casa de su cliente. Le dije que en ese momento estábamos analizando la carga de trabajo. Tras haber metido en agenda todos los coches en gestión, el comercial me dijo: “Ya me lo decía él, que así no podía vivir”. Me entraron ganas de preguntarle qué haría él en su situación, pero el propietario se adelantó para decirle: “Joder, qué tranquilidad mental tengo ahora».
Porque los 36 coches se convirtieron en horas estimadas de trabajo, esas horas se asignaron a los técnicos y, de estar dando citas a cuatro semanas, con orden y organización, en dos semanas y media podría -hipotéticamente hablando- salir todo el trabajo.
La conversación continuó y al finalizar le formulé dos preguntas al comercial:
La primera era si para su empresa es mejor centralizar las piezas que le vaya a pedir el taller en dos únicos pedidos semanales, todo lo relacionado con trabajos preventivos (tres, cuatro o cinco, depende del volumen). Su respuesta fue: “Desde luego”. Me volví loco y le lancé la segunda: “¿Te gustaría venderle más a tu cliente?”. No hace falta que escriba la respuesta.
Seguimos con la conversación y le expliqué que con muy poco podemos ayudar al taller, tender un puente entre ambos -distribuidor-taller-, que todo empieza por la formación, por que el taller sepa cómo optimizar y sacar rendimiento a las herramientas técnicas. Eso sí que es apostar.
El propietario del taller tiene dificultades para encontrar el equilibrio entre la vida laboral y personal. Evidentemente para cambiar esto el primer paso lo tiene que dar el taller. En un negocio que ve coches y más coches, pero en la cuenta cada vez menos dinero, el propietario vive con un agobio mental por las altas cargas de trabajo que hasta le impiden descansar por las noches, disfrutar de su familia o de sus aficiones.
Así es difícil evolucionar de reparador a empresario y hacer crecer la empresa, porque al final no deja de ser un autoempleado.
La película que inspiró este artículo narra una historia de la Segunda Guerra Mundial centrada en una misión de rescate. La trama sigue a un grupo de soldados estadounidenses que, tras la invasión de Normandía en 1944, reciben la orden de encontrar y traer de vuelta a casa al soldado James Francis Ryan. Ryan es el último de varios hermanos que han muerto en combate, y el gobierno estadounidense decide rescatarlo para evitar que su madre pierda a todos sus hijos.
“Salvemos” al taller entre todos y dejémonos de tanta siglas, de tanto evento para otros, de terceros que no deberían pintar nada en este sector y ahí están -algunos aún se creen que aportan algo-. Recomiendo la lectura del post de mi socio y compañero, Sergi Guardeño, también bloguero en este medio…
Como dije al inicio, esta situación se irá agravando en el futuro más inmediato y tenemos que asegurar la sostenibilidad. No esa de la que a muchos se les llena la boca, que también, pero yo me refiero a la sostenibilidad económica. La que nos da de comer a todos«.



