«Cada vez tengo más claro que el sector del taller tiene que empezar a cambiar la forma en la que entiende el vehículo de sustitución.
Y lo digo como gerente de taller y como persona que lleva años viendo cómo muchos compañeros asumimos costes enormes intentando dar el mejor servicio posible a nuestros clientes.
Porque el vehículo de sustitución NO es gratis.
Nos hemos acostumbrado a que el cliente llegue al taller y dé por hecho que, además de reparar correctamente su vehículo, tenemos que solucionar gratuitamente toda su movilidad.
Y la realidad es muy distinta. Detrás de cada coche de sustitución hay: una inversión, seguros, mantenimiento, limpieza, combustible, gestión, tiempo y una responsabilidad enorme por parte del taller.
Aun así, durante años el sector ha asumido ese coste sin darle el valor que realmente tiene. Y creo sinceramente que eso tiene que cambiar.
No porque el taller quiera “cobrar más”; sino porque estamos hablando de un servicio real, útil y cada vez más necesario para el cliente.
Hoy la movilidad es una necesidad. La gente necesita seguir trabajando, llevando a sus hijos al colegio o manteniendo su vida diaria mientras su coche está en reparación. Y precisamente por eso, el vehículo de sustitución tiene un valor.
En mi opinión, los talleres tenemos que empezar a profesionalizar este servicio, gestionarlo correctamente, explicarlo mejor al cliente y aprender a defenderlo cuando corresponda
Porque muchas veces el problema no es que el taller no tenga razón. El problema es que durante años hemos normalizado regalar servicios que tienen un coste real.
Estoy convencido de que, mientras más talleres trabajemos en esta línea, antes conseguiremos reeducar al mercado y hacer entender que detrás de cada coche de sustitución hay una empresa haciendo un esfuerzo económico importante para ayudar a su cliente.
Y sí, he dicho cliente. Porque el cliente del taller es el conductor y propietario del vehículo. Y no deberíamos olvidarlo nunca».



