La séptima edición del Concurso Nacional Pintores Distinguidos de Automoción coronó al onubense Javier Pérez Márquez como el mejor pintor del país -en la edición anterior había conseguido el quinto puesto-, en una final celebrada los días 3 y 4 de octubre en las instalaciones de Cañizares Piñero, en Las Rozas (Madrid).
El certamen reunió a los doce mejores aplicadores del país, seleccionados entre más de 160 candidatos. Durante dos jornadas de intensa competición, los finalistas demostraron su dominio en áreas clave como la preparación de superficies, colorimetría, lijado, reparación y aplicación final, bajo la evaluación de un jurado técnico compuesto por especialistas de Cesvimap, representantes de Asetra y expertos de marcas colaboradoras como RIC Madrid.
El título de mejor pintor de automoción del año fue para Javier Pérez Márquez (Huelva), que vivió la final emocionado, pero «bastante más tranquilo que el año pasado, que era todo nuevo»: «Hay mucha gente mirando, los jueces… Pero como este año sabía más o menos a lo que me enfrentaba, lo he llevado mejor, he trabajado más relajado». En el podio le seguían otros dos figuras como son David Vergara (Madrid) -el protagonista de nuestro último ‘Entre Pintores‘- con el segundo puesto y Jesús Torres (Toledo) en el tercero.
«Sabía que quería ser pintor desde pequeñito»
Pérez lleva dedicado al sector desde los 16 años -tiene 37-: «Yo lo tenía claro, lo que quería era trabajar». Así que los veranos los pasaba en el taller familiar con su padre «y ahí me empezaba a enseñar». Pérez sabía que quería ser pintor «prácticamente casi desde que tengo uso de razón. Con 4 o 5 añitos, mi madre me lo recuerda: me cogía los coches de juguetes y los rompía a posta, los arañaba, los golpeaba con destornilladores… entonces los metía por las ventanillas, los ponía ‘derechitos’ y con botes de pintauñas de mi madre los pintaba». Ahora padre e hijo cogestionan juntos el taller familiar en Huelva.
Haberse proclamado ahora campeón del concurso Pintores Distinguidos es para él dar un paso más en su carrera profesional: «Cuando dijeron mi nombre sentí mucha emoción, muchísima. Es una satisfacción grandísima, un reconocimiento a todo el trabajo que hay detrás de estos más de veinte años«. Un sentimiento que además es compartido: «Me acordé mucho de mi padre, que es con quien empecé. Cuando le dije que había ganado… imagínate. Es que es la persona que me ha formado».
Además de por el reconocimiento personal y profesional, por lo que significa este concurso para quienes viven la profesión como lo hace Pérez: «Tiene un valor muy grande por la posición en la que pone nuestro oficio, a nuestro trabajo. Ayuda además a incentivar a los jóvenes a que se formen y a que puedan seguir adelante con este oficio, que cada vez hay menos profesionales». Y no se olvidaba de los organizadores: «Hacen una labor extraordinaria por mantener este concurso todos los años, valoro mucho el trabajo y sacrificio que hacen».
Además, hablando de falta de pintores, lanzaba un mensaje a la cantera del sector: «Que hagan lo que realmente les guste hacer, porque para este oficio es esencial la motivación y la seguridad de querer dedicarse a él. Les diría que se formen y que hagan todo lo posible por ser unos buenos profesionales. Si lo hacen así, en este sector van a tener futuro. Si son buenos trabajadores van a tener trabajo asegurado».
Un reto final de precisión y creatividad
La prueba definitiva que enfrentó a David Vergara y a Javier Pérez puso a prueba su destreza, creatividad y control técnico. El reto consistía en realizar un diseño “racing” en los laterales de una pieza, partiendo de un fondo plata sobre el que se aplicaban manos de azul tricapa. A continuación, los participantes debían retirar las máscaras “racing” y aplicar un color semitransparente tipo kandy, logrando que las formas quedaran integradas en el azul y fundidas con el color, generando un efecto “fantasma” de gran complejidad visual.
En estas pruebas, el jurado, muy atento a la técnica de los finalistas, valoró especialmente la uniformidad del acabado, la transición cromática y el dominio de las capas, factores que marcaron la diferencia en una final tan reñida como espectacular.
Formación y relevo generacional
Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue el interés mostrado por los estudiantes de Formación Profesional. Varios institutos se acercaron a las instalaciones de Cañizares Piñero para seguir de cerca la competición: “Los chicos y chicas se mostraron muy atentos a todo lo que hacían los aspirantes, hacían preguntas y querían aprender”, destacan desde la organización, subrayando la importancia de este tipo de concursos para despertar vocaciones y reforzar la formación técnica del futuro.
Un jurado de prestigio y un ambiente de compañerismo
Entre los miembros del jurado destacó la presencia de Pedro Moreno, jefe de pintura de Cesvimap, quien participó activamente en las valoraciones junto al resto del equipo técnico: “Ha sido muy profesional, equitativo y meticuloso en sus puntuaciones”, señaló la organización, añadiendo que quedó “fascinado por el nivel del concurso y la implicación de los participantes”.
Y el ambiente, un año más, reflejaba el orgullo y la pasión con que los profesionales del repintado viven su oficio. Como destacaban los organizadores, «es un orgullo ver cómo nuestro sector siente el oficio, lo disfruta y se emociona con estos eventos. Muchos de los participantes no olvidarán nunca haber competido codo con codo con compañeros llegados de todos los rincones de España”.


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