«Después de una temporada retirado de la vorágine diaria del mundo asegurador y de la posventa de automoción, días atrás mantuve una charla con Rafael Lorza (ex de Mapfre y Solera), persona con experiencia probada y con la que pude compartir su visión de la situación actual, desde un punto de vista de cuya objetividad está lejos de toda duda.
Hemos cruzado bonitas palabras profesionales, hablando sin tapujos y haciendo mención a la realidad del sector que tanto nos preocupa y ocupa a muchos o demasiados…
La conversación empezó sin tapujos: “Esto es insostenible para todos, o se rompe la presión desmedida de las aseguradoras, unas en mayor medida que otras, o esto el mejor día revienta”. Pero sabes que es lo peor o mejor, no lo sé, que hables con aseguradoras, talleres, peritos o proveedores de información o servicios: «¡TODOS ESTÁN DE ACUERDO!», afirmábamos ambos.
Los comentarios de Rafa son contundentes. No cabe la menor duda de que no estamos ante un problema solo para el taller (en cuanto a su rentabilidad), sino que, de forma más habitual de lo deseable, se están vulnerando derechos de los asegurados, por no olvidar la figura del perito, que lamentablemente ha acabado siendo la voz de la aseguradora. Siempre va de parte y, por lo tanto, cobra de parte. Todo esto a cargo de una competencia desmedida entre aseguradoras, no solo de primas, si no a ver quién se ahorra más en costes de indemnización.
Rafa sigue asentando cátedra y comenta, entre tanto: «El propietario del coche, o es el taller el que soporta la falta de rentabilidad por no atentar contra la calidad de la reparación o al asegurado se le producen perjuicios que no puede reclamar porque le obliga a recurrir a vías de reclamación, tediosas y con coste, quedándole únicamente el recurso al pataleo, sin ir más lejos el tratamiento que se está dando a las valoraciones por siniestro total».
Pero de las cosas que más me hizo ver luz para un cambio importante fue su afirmación: “El taller debe recuperar su posición de defensa de los intereses del propietario del vehículo”. Y esto tiene mucha miga:
La Ley de Contrato de Seguros, en su artículo 38, dispone como resolver una divergencia entre la oferta de la aseguradora, frente a una disconformidad por parte del asegurado, que puede nombrar perito de parte, que en plazo determinado debe llegar a un acuerdo con el perito de parte de la aseguradora o por el contrario nombrar un tercer perito que determine la valoración, lo de “esto son lentejas” no cabe. Si no existe acuerdo, además de nombrar tercer perito, la aseguradora, debe pagar el importe de la valoración ofertada, pendiente del resultado de la tercería pericial.
De forma tácita o encubierta, esta figura de segundo perito la ha realizado el taller, hasta que la presión del mercado ha hecho que el taller, no por decisión propia muchas veces, esté más alineado con la estrategia de la aseguradora, que con los intereses del propietario del vehículo, incluso a costa de su propia rentabilidad, como diría un buen amigo, un sindiós.
Aseguró Rafa que esta es la figura que hay que recuperar y darle soporte legal con su nombramiento ante la aseguradora. “espero que nadie a estas alturas se atreva a cuestionar ni la formación ni la objetividad del taller, frente a la formación y objetividad de la otra parte asignada por la aseguradora”, incluso de paso, tal vez se consiga regular de una vez la figura del perito, pero esto sí que es otro tema de “aupa”.
Rafa me dijo contundentemente y armado de razón con la fuerza que le caracteriza: «Juan Antonio, que esto, de generalizarse, puede ser una bomba. El taller pasa a poner en la mesa su leal saber y entender y deberá ser extremadamente escrupuloso en su dictamen (deberá defenderlo, incluso, ante un tercer perito) y en la ejecución de lo acordado con la otra parte o con lo dictaminado por el tercer perito. La mala utilización de esta figura puede ser peligrosa y con consecuencias serias».
El taller concertado deberá valorar si el posicionamiento con su acuerdo con la aseguradora, puede generar o poner en duda la vulneración de los derechos del propietario del vehículo. Esto da para unas cuantas reuniones más.
Otro tema, cuanto menos “oscuro”, son los proveedores de información, valoración, valores de mercado, baremos, servicios, etc., cuya propuesta de valor de gran parte de ellos está fundamentalmente basada en reducir costes de quien les paga.
No menos importante es que la aparición de segundas y terceras peritaciones afecte al actual modelo de carga de trabajo de los peritos y sin duda su retribución.
En fin, lamento no dejar “títere con cabeza”. Lamentablemente esto está así y me duele. O, por lo menos, me siento corresponsable.
Rafa, gracias lo primero por ser amigo. Todos saben que en mi caso he seguido contando contigo. Y lo segundo, agradecerte tu sinceridad y contundencia, nos debes algo y hemos de recuperarlo.
Muchas gracias»



