
Antes haría un repaso por la situación de los talleres: “Antes (se refería Navarro a los años previos a la crisis) las aseguradoras y los talleres vivían en un contexto en el que habían más reparaciones y un parque móvil abundante; eso se traducía en unos márgenes razonables y menor presión sobre los costes”.
Pero eso ha cambiado: “Hoy se ha contraído el mercado, habiendo una mayor presión sobre los costes y un mayor direccionamiento”. La cosa se ha puesto más difícil, vaya.
Animaba a los talleres a negociar con unas compañías que buscan fundamentalmente, según explicaba el máximo responsable del negocio de PPG en Iberia, cinco factores: calidad, satisfacción de su cliente, flexibilidad en el servicio que ofrecen los reparadores, un tiempo de ciclo razonable y un correcto control sobre los costes.
Igualmente, animaba a los talleres a centrar su atención sobre los usuarios (“deben ser el centro”, dijo), debiendo conseguir en la medida de lo posible que los clientes se conviertan en “auténticos fans” de sus negocios.
Para ayudar a conseguir estos objetivos, Navarro habló a los talleres del programa MVP Business Solutions, que PPG pone a disposición de los talleres: “Un viaje de mejora continua”, señaló, que pone especial atención sobre la eficiencia de los talleres: “El tiempo es lo único que fabricáis. Un taller no es un párking sino un centro de negocio”.
Una propuesta la de este programa de apoyo al taller que el fabricante sustenta en tres pilares: diagnosticar (¿cuál es la situación actual del taller?), comparar y actuar (“contigo mismo y con el sector”); y controlar (implantar un plan de acción y seguir su curso).
El taller es una fábrica

“Nos encontramos en una época de cambio muy importante”, explicó, anunciando rotundo un muy mal futuro para aquellos que no logren aclimatarse correctamente a estos cambios.
Un cambio que debe empezar por entender que un taller es “uno de los procesos de fabricación más complejos que existen en la industria”, señaló. “¿Quién de vosotros ha trabajado en una fábrica?”, preguntaba a los talleres. Después de no ver demasiadas manos levantadas invitaba a los reparadores a la reflexión: “Todos trabajáis en una”.
De este modo, quiso que los talleres tuvieran la voluntad de buscar las posibles ineficiencias que pudieran existir en sus negocios para de este modo tratar de solventarlas (expuso los graves problemas de productividad que pueden acarrear los cuellos de botella en un taller, asegurando que de media cada sesenta minutos “deberíamos ver un vehículo desalojando el proceso”): “Lo mejor es ser simple, pero para serlo hay que pensar mucho”, aseguró.



