La falta de piezas sigue pasando factura a los talleres. En este caso han sido los de carrocería de Burgos los que han alzado la voz. Y es que enfrentan una realidad que antes habría sido impensable: plazos de entrega para piezas que alcanzan los doce meses, especialmente para modelos con más de una década en circulación, tal y como han compartido con Diario de Burgos.
“Esto no es pasajero, es una situación que vino para quedarse y que trastoca nuestro día a día”, reconoce Javier López, responsable de Carrocerías Javi, en Villarcayo. El especialista señala que esta falta de piezas provoca un impacto directo en la planificación de su negocio, en la logística e, inevitablemente, en la relación con el cliente.
De esperar una entrega… a esperar una fabricación
La dinámica de suministro de repuestos cambió radicalmente tras la pandemia. Antes, los talleres oficiales trabajaban con un inventario de piezas al que accedían casi al momento. Ahora, la norma es esperar a que el componente sea fabricado expresamente para cada reparación.
Ramiro Cuesta, de García Cuesta Automoción, aporta detalles sobre esta nueva realidad: “Si antes esperábamos un paquete en camino, ahora hacemos el pedido y aguardamos a que lo fabriquen, lo que retrasa todo el proceso”, señala. El problema, además, aumenta en vehículos de más de diez años, donde muchos recambios quedan directamente descatalogados.
El mercado alternativo como tabla de salvación
Ante la escasez, los talleres han ampliado su radar para encontrar piezas en otros canales de distribución, recurriendo incluso a desguaces para intentar reducir plazos. Sin embargo, esta alternativa no garantiza disponibilidad inmediata: “Hay componentes que simplemente no existen, y otras piezas de menor rotación pueden tardar días, semanas o incluso medio año en llegar de fábrica. A través de otras vías, a veces conseguimos acelerar el proceso, pero otras veces estamos todos bebiendo de la misma fuente, con lo que los cuellos de botella persisten”, destaca Cuesta.
Clientes en espera y talleres en el punto de mira
Esta situación coloca a los mecánicos en una posición complicada. Al ser el último eslabón de la cadena, reciben la presión del cliente, que a veces percibe esta demora como falta de interés o profesionalidad: “Hemos tenido que explicar una y mil veces que no depende de nosotros. Algunos piensan que estamos tomándoles el pelo, pero la realidad es que no podemos hacer más hasta que llega la pieza que hemos solicitado”, asegura López.
Sin visos de mejora a corto plazo
La tendencia parece clara: menos stock en almacenes de las marcas y plazos de entrega cada vez más dilatados. “Se entiende que para un fabricante no sea viable mantener miles de euros inmovilizados en repuestos para todos los modelos, pero esta estrategia acaba trasladando el problema al taller y, por tanto, al cliente final. Nos estamos adaptando como podemos, pero todos asumimos que esta situación no cambiará de la noche a la mañana”.
La experiencia de Javier López refleja la nueva normalidad de un sector que sigue enfrentando desafíos para garantizar un servicio eficaz, donde la paciencia y la comunicación con el cliente son tan vitales como la habilidad técnica para reparar un vehículo.



