La pregunta de «¿cuánto tardará mi coche?» se ha convertido en una de las más habituales en cualquier taller. Y no es casualidad: desde hace años, los tiempos de reparación se han ido alargando por diversos factores que afectan tanto a los profesionales como a los conductores.
Estos plazos más largos generan perjuicios claros a los usuarios, que quedan durante días -o incluso semanas- sin un medio de transporte que consideran esencial. Para muchas familias, el coche forma parte de su rutina diaria, y ni el transporte público ni alternativas como bicicletas de uso compartido o patinetes eléctricos logran cubrir todas sus necesidades.
Más reparaciones, más carga de trabajo
La antigüedad del parque es el factor que más pesa en esta ecuación. Un coche que antes empezaba a fallar con 170.000 kilómetros ahora se repara casi siempre. De este modo, los talleres -muchos de ellos negocios familiares- acumulan más carga y no dan abasto para atender todas las citas.
Marcos Penelas, responsable de Talleres Monterrey, lo resume así: «La saturación en los talleres es básicamente porque el parque cada día es más antiguo, normal teniendo en cuenta las restricciones de movilidad y el precio desorbitado de los vehículos nuevos». Destaca que esta situación ha cambiado la mentalidad del cliente: «Lo que antes parecía caro, ahora se plantea como opción antes que cambiar el coche«.
La incertidumbre frena la compra de coches nuevos
El análisis coincide con el de Paco Carrera, de Automóviles Carrera, quien añade un factor clave: la transición hacia el vehículo eléctrico y la indecisión que genera en el comprador: «Al vender menos coches nuevos y ante la incertidumbre de si comprar uno de combustión o eléctrico, la gente se decanta por arreglar el que tiene si no es muy antiguo. Los coches con diez o menos años siguen funcionando».
Además, los costes asociados a los eléctricos -desde el precio del vehículo hasta la instalación del punto de recarga- contribuyen a que muchos conductores opten por mantener su coche actual el mayor tiempo posible.
Una profesión con poca renovación generacional
A la saturación por más reparaciones se suma la falta de mano de obra. Cada vez hay menos jóvenes que se formen como mecánicos, pese a ser una profesión con demanda, algo que preocupa a Penelas: “Hay saturación porque cada vez hay menos operarios para trabajar, no está habiendo cambio generacional y muchos talleres cierran por jubilación»
Además, aunque la situación en las cadenas de suministro mejoró tras la pandemia, los talleres siguen acusando retrasos puntuales en la llegada de piezas, sobre todo en modelos con sistemas más complejos.
Pese a todas estas dificultades, los talleres intentan adaptarse para atender a todos sus clientes: «Vas dando citas a lo largo del calendario, cuadrando fechas. Atiendes las urgencias y las vas metiendo entre otras citas. Mi opinión es que, si ahora nos quejamos de la tardanza, dentro de no muchos años será peor por la saturación y la falta de personal».
Carrera, por su parte, apuesta por ajustar horarios y priorizar en función de la necesidad de cada cliente: “Flexibilizamos el horario para dar una atención más completa y cubrir todas las necesidades”.




Sería muy interesante saber si el sueldo promedio de un técnico automotriz fuera de 40.000 euros anuales después de impuestos seguiría habiendo carencia de estos en la industria.