
Y es que el fabricante considera que “el único criterio para la seguridad son las prestaciones del neumático, no la profundidad de la banda de rodadura”. En esta línea asegura que “la sustitución prematura reduce la vida útil del producto, los usuarios realizan compras innecesarias, y tiene un impacto negativo en el medio ambiente.
Y aporta datos: “Cambiar los neumáticos demasiado pronto daría lugar al uso de 128 millones de neumáticos más al año en Europa; es decir, nueve millones de toneladas de emisiones de CO2 adicionales al año. Además de representar un aumento significativo e injustificado de los costes para los consumidores. Ernst & Young lo estiman en 6.000 millones de euros extra solo en Europa”, aseguran desde Michelin, y añaden: “La indicación de que los neumáticos necesitan cambiarse tempranamente (antes de que se alcance el límite legal o el indicador de desgaste del dibujo) es similar a la imposición de una forma de obsolescencia programada. Ningún estudio actual ha establecido un vínculo directo entre el nivel de accidentes y la profundidad de la banda de rodadura”.
Y en este sentido quieren recordar que las prestaciones del neumático se ven afectadas por muchas características individuales: el diseño de la carcasa, los materiales utilizados, los compuestos, el dibujo de la banda de rodadura, la forma de los canales y de las laminillas, etc. Y que “la moderna tecnología del neumático permite proporcionar un alto nivel de prestaciones y adherencia desde que es nuevo, y durante toda su duración hasta el límite legal de desgaste”.


