Según un nuevo informe presentado en la Cumbre Anual del Foro Internacional del Transporte, las emisiones no procedentes del tubo de escape (NEE) —derivadas del desgaste de frenos, neumáticos y calzadas— ya constituyen la mayor fuente de contaminación por partículas del tráfico rodado. El estudio, encargado por EIT Urban Mobility, Transport for London y la Greater London Authority, ha sido desarrollado por la consultora e:misia y utiliza Londres como caso de estudio.
De los tubos de escape a las partículas invisibles
La investigación revela que en ciudades como Londres, Milán y Barcelona, las emisiones NEE representan entre el 68% y el 88% de las partículas PM10 derivadas del tráfico, y hasta un 78% de las PM2,5. Estas partículas finas no solo afectan a la calidad del aire, sino que también contaminan el agua y el suelo, con un impacto preocupante por la acumulación de microplásticos y otros residuos.
Con la reducción progresiva de las emisiones por escape gracias a la electrificación del parque móvil, el foco se ha desplazado hacia estas fuentes no reguladas. Sin embargo, el estudio no advierte de un efecto colateral: los vehículos eléctricos, al ser más pesados debido a sus baterías, tienden a desgastar más los neumáticos y el firme de la carretera, así como los frenos si no se conducen de forma adecuada -por ejemplo, aprovechando la retención del motor eléctrico cuando se recargan las baterías en las fases de deceleración-, lo que puede incrementar las emisiones NEE si no se adoptan soluciones específicas.
El desgaste de frenos, principal emisor en zonas urbanas
El informe identifica el desgaste de frenos como la principal fuente de emisiones NEE en entornos urbanos, con más del 40% de las partículas resultantes dispersándose en el aire. En cuanto a los neumáticos, aunque buena parte del residuo se acumula en el polvo de la carretera o se arrastra a ecosistemas cercanos, su contribución a la contaminación por partículas es también significativa. La conducción urbana, con continuas paradas y arranques, acentúa ambas formas de emisión.
Euro 7 y otras medidas: ¿suficientes?
Las futuras normas Euro 7 fijarán por primera vez límites a las emisiones por desgaste de frenos (desde 2026) y neumáticos (desde 2028), pero solo se aplicarán a vehículos nuevos. Por ello, el estudio subraya que será necesario actuar también sobre el parque móvil existente mediante retrofitting -actualización o modernización de los vehículos existentes- y el uso de materiales de bajo desgaste, aunque también abogan por la reducción del uso del vehículo particular, ya que consideran que la electrificación por sí sola no basta.
Hacia una estrategia integrada
La investigación propone un enfoque multinivel para reducir las NEE: desde ampliar zonas de bajas emisiones y reducir límites de velocidad, hasta penalizar vehículos pesados como los SUV y mejorar el mantenimiento del firme. También reclama inversiones decididas en transporte público e infraestructuras para caminar o ir en bici. A escala europea, pide métodos armonizados para medir las emisiones por desgaste, condición esencial para diseñar políticas coordinada

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