Una de las claves del nuevo sistema ideado por el MIT es una membrana muy fina que se coloca entre los electrodos de la batería. Cuando la batería está en uso, ambos lados de la membrana se llenan con un electrolito líquido. Por el contrario, cuando la batería se pone en espera, el aceite se bombea hacia el lado más cercano al electrodo de aluminio.
Asimismo, el nuevo sistema aprovecha una propiedad del aluminio conocida como oleofobia bajo el agua. Concretamente, cuando el aluminio se sumerge en agua, repele el aceite de su superficie y, como resultado, el electrolito desplaza fácilmente el aceite de la superficie de aluminio, lo que restaura las capacidades de energía de la batería.
Resulta irónico pensar que el método MIT de supresión de la corrosión explota la misma propiedad del aluminio que promueve la corrosión en los sistemas convencionales. El resultado es un prototipo de aluminio-aire con una vida útil mucho más larga que la de las baterías convencionales de este tipo.
La opción más sostenible para sustituir a los combustibles fósiles
Si bien es cierto que siempre ha existido un abanico de soluciones para sustituir a los combustibles fósiles, como las baterías de estado sólido o las de grafeno, estas nunca han llegado a postularse como alternativas reales a causa de sus altos costes de fabricación.
Las baterías de metal-aire, sin embargo, cuentan con varias ventajas con respecto a las de ion litio, las de estado sólido y las de grafeno: tienen una mayor densidad y esto se traduce en una mayor autonomía por ciclo de carga para el automóvil. Además, las baterías primarias no recargables de aluminio y aire son mucho menos costosas, más compactas y ostensiblemente livianas.
No obstante, hasta el momento, las baterías metal-aire no se habían presentado como una alternativa real por, entre otras carencias, el mencionado deterioro que sufren los electrodos metálicos. En la actualidad, estos se corroen con facilidad si el vehículo no se mueve durante un cierto tiempo, llegando a perder hasta un 80% de su carga al mes.
Sin duda, el nuevo diseño del MIT supone una avanzadilla para el medio ambiente. Y no sólo: el triunfo de esta alternativa supondría que el público podría acceder a dos tipos de baterías, a gusto del consumidor.

