Hay ocasiones en las que al taller se le complica sacar rentabilidad a los mantenimientos. La clave de este problema en muchos casos está en los procesos que se siguen y en la manera de facturar el trabajo realizado. Sobre ello escribía Manel Baéz, socio fundador de la consultora Assistec, en un blog que Aser compartía y que nosotros, por interesante, recogemos en las siguientes líneas.
Comenzaba Báez haciendo una radiografía del taller independiente hoy: «Un alto porcentaje de los coches que visitan el taller tienen más de 10 años de antigüedad. Muchos de estos vehículos se eternizan en taller, nos cuesta dar con la avería, aun siguiendo procedimientos de diagnosis correctos», señalaba.
Si además a esta situación se le suma «una fuga de horas que hace que el coste de la hora facturada esté por encima, en algunos casos, muy por encima, del precio al que la vendemos», mencionaba Báez: «La situación se agrava al no saber -generalizando- rentabilizar los mantenimientos». En este sentido apuntaba algunas maneras erróneas que el taller habría ido adquiriendo.
Los mantenimientos en cuatro claves
En primer lugar, señalaba Baéz que «hay una tendencia a cobrar tarifa plana«, una práctica que lleva al taller a no rentabilizar los trabajos: «Hay demasiado miedo a perder un cliente por cobrar lo justo y un mal hábito de no cobrar los tiempos del plan de mantenimiento del fabricante».
En segundo, aseguraba que «no hay control de producción«, y que por tanto, «aún se pierde más rentabilidad porque ni siquiera se es eficiente -ganar tiempo al tiempo- en este tipo de operaciones».
Asimismo, se refería a la importancia de seguir el plan de mantenimiento de las marcas porque lo contrario «conlleva dejar de hacer trabajos que el fabricante recomienda y, tal vez, esta sea la causa de encontrarnos, en el parque actual que se repara en el taller, más problemas de lo que sería normal».
Explicaba Báez que aunque todos los talleres tienen acceso a programas técnicos e incluso desde las plataformas de e-commerce de los proveedores de recambio el taller puede comprobar que tipo de trabajo se debe realizar en base a kilometraje y antigüedad, «los malos hábitos hacen que, en este tipo de vehículos ‘antiguos’ se lleve a cabo el mantenimiento sin tener en cuenta las pautas del fabricante, y guiándonos por la ‘antigua cultura’ de los mantenimientos, es decir, un año aceite y filtro, al año siguiente se sustituyen todos los filtros».
En último lugar mencionaba el deber que tienen los talleres de «asesorar y recomendar al cliente sobre la conveniencia de hacer un mantenimiento correcto al vehículo, al igual que trabajar el márketing predictivo y los trabajos a prever para intentar ayudar a mantener un parque en mejor estado -trabajando el proceso de preparación de citas, por ejemplo-«, incluso si el cliente no está interesado en realizarlos: «Puede ser que el cliente no desee o pueda hacer los trabajos que se les indica según el plan de mantenimiento que el taller ha preparado, pero eso no debe impedir intentar aconsejarle nuevas fechas para llevar a cabo los trabajos pendientes, asegurándose así el taller nuevas citas». Esto último, asegura, «es hacer posventa».



