La falta de eficiencia en la gestión de sus horas de trabajo es un problema que vive el taller, tanto el de mecánica como el de carrocería. Lo afirmaba Sergi Guardeño, socio director de GTI Academy y socio fundador de Assistec, en un artículo publicado en la plataforma Planeta PRO de PRO-Service, tomando como referencia los datos presentados tras el lanzamiento de CHECKTALLER -la web que ha lanzado el distribuidor para chequear la rentabilidad de los talleres-: el sector pierde al año 820 millones de euros, o lo que es lo mismo, 23.310 euros por taller mecánico y 17.748 euros por taller de carrocería.
El motivo de estas cifras es claro: “Vendemos horas y lo importante en nuestro negocio es que seamos capaces de vender cuantas más mejor. Sin embargo, en esa venta, tenemos un agujero enorme”, afirmaba Guardeño en el artículo. Y señalaba que esta situación deja a los talleres con dos opciones para subsistir: aumentar las horas de trabajo más allá de la jornada laboral estándar o depender del margen de los recambios para equilibrar las cuentas. El problema es que ambas opciones tienen limitaciones que dificultan la viabilidad de estos negocios…
Tres retos para encontrar la rentabilidad
Para Guardeño son tres los puntos críticos que los talleres deben tener en cuenta para mejorar su rentabilidad. Por un lado, la «necesidad de volumen y alta rotación». Se explicaba: «No queda otra opción que facturar mucha reparación, con mucho recambio para obtener ese resultado de equilibrio, llenar el taller de coches a los que poder imputar horas e intentar que todos ellos estén el mínimo tiempo posible para que mañana entre otro en su lugar».
La segunda clave pasa por «aumentar la dependencia de los trabajos rentables«, es decir, «los contrarios a los que están llenando los talleres hoy»; y la tercera que mencionaba Guardeño, por que «los técnicos facturen más del 80% de las horas que están presenten en el taller, aunque esto es complicado en las condiciones actuales de mercado».
Vocación de servicio Vs. rentabilidad
A pesar de las dificultades, Guardeño destaca que muchos talleres siguen priorizando el servicio al cliente, incluso a costa de su propia rentabilidad: «¿Por qué empeñarnos en dar servicio al cliente? Si no encendemos ni las luces por no gastar, si no renovamos nuestra imagen, ni limpiamos, ni tenemos una web. Si no cambio mi desgastada ropa de trabajo, no tengo asesor de servicio ni invierto en procesos de recepción ni trazabilidad, ni siquiera en un programa de gestión correcto. Da igual, si no hago todo eso y me convierto en ese taller, que todos sabemos que existe, que está gestionándose igual que hace 25 años; si total, voy a tener el taller lleno igual que él».
Pero ¿por qué el taller se deja el alma, aun teniendo la rentabilidad que tiene? Porque, explicaba Guardeño, el taller «tiene vocación de servicio, le duele decir ‘no’, empatiza al máximo con el cliente». Sin embargo, esa vocación de servicio «nos ahoga, nos lleva a regalar horas y esfuerzos, nos hace invertir, y nos empuja a cada día ser mejores. Y lo somos, pero cada día más angustiados y desenamorados de nuestra actividad».
Esto además de que no es sano para el taller, tampoco da buena imagen a los clientes, que todo lo notan. Guardeño subraya que esta situación repercute en la calidad del servicio que perciben los usuarios, aunque lo que se pretenda sea precisamente todo lo contrario: “Mientras atiendas con prisas a tu cliente, mientras te vea como pollo sin cabeza, improvisando día a día para dar ese servicio, el cliente vendrá a venderte el problema en el mínimo tiempo posible y se irá corriendo, no hay tiempo a más«.
Con su artículo, Guardeño aconsejaba a los talleres algo tan importante como complejo: encontrar el equilibrio entre su vocación de servicio y la necesidad de ser rentables para garantizar no solo su supervivencia, sino también su crecimiento en un mercado cada vez más exigente: «Dependemos del volumen, del margen de otra cosa que no es nuestro trabajo, de la productividad de un equipo técnico justo, pero, sin embargo, deseamos enamorar a los clientes y que valoren nuestro servicio, nos encantaría disponer de tecnología y equipos de última generación, mejorar nuestras instalaciones y pagar a los mejores técnicos, incluso no estar agobiados por lo que supone la contratación de uno al que tienes que formar», reflexionaba al final de su artículo.



