Llevaba tiempo siguiendo sus vídeos en redes sociales, aquellos en los que denuncia, ante sus varios miles de seguidores, los abusos que sufría en su taller por parte de las aseguradoras. Lo hacía -y lo hace- con un discurso directo, claro y, como suele decirse, sin pelos en la lengua. Y eso me llamaba la atención.
Pero es que además, sus mensajes me resultaban especialmente necesarios, no solo para los propios talleres -a los que anima a defender sus derechos frente a las malas prácticas de las compañías y a no doblegarse ante sus presiones-, sino también para los usuarios, por lo general ajenos a la compleja relación que existe entre talleres y aseguradoras, a pesar de afectarles y de ser una pieza clave para que la situación pueda cambiar. Quisimos hacerle una entrevista para conocerle y hacer llegar sus mensajes más allá… muy dispuesto, aceptó. Y a Zamora que nos fuimos.
Ángel Deltoro, el protagonista de esta entrevista en vídeo que no tiene desperdicio, lleva nada menos que desde los 13 años dedicándose al sector -ahora tiene 53 y empezó haciéndolo en el taller de un amigo de su padre: “Así aprendí valores y el oficio”-. Ahora es el gerente, junto a su mujer María, de Talleres Deltoro, un taller de chapa y pintura, mecánica y restauración de vehículos –con especialización en Land Rover y Defender-, que abrían hace nueve años en Toro, Zamora. Su trayectoria profesional de cuarenta años le había llevado a la conclusión de «no querer -ni necesitar- trabajar para nadie».
Talleres Deltoro se ha dedicado a la carrocería desde sus inicios, consiguiendo tener mucho trabajo sin haber sido concertado nunca de ninguna compañía… hasta hace un año. Una relación que solo duró cuatro meses… fue poco tiempo, pero el suficiente para comprobar en primera persona que “ser taller concertado de las compañías es estar muerto».
Pronto notaron que, aunque trabajar para las compañías les estaba dando un considerable volumen de trabajo, algo no estaba yendo como debía: «La simple razón es que te quieren imponer los precios… pero en mi casa los precios los pongo yo; yo no las digo a ellas a cuánto tienen que cobrar una póliza. Me senté en la mesa de la oficina a echar cuentas… y vi que no salían los números, que estaba cambiando el dinero y que en algunos casos hasta lo perdía”. Fue cuando dijeron hasta aquí: “Yo tengo un negocio para ganar dinero, no para que lo ganen ellas”, así que decidió romper su relación. Tanto es así que, como confesaba en la entrevista, «Mutua Madrileña y Línea Directa están vetadas en mi taller. Están espachurrando el mercado».
Un cambio de rumbo…
Y fue lo mejor que hizo, incluso sacrificando el ´caramelo envenenado’ que es el volumen de trabajo -sobre ello reflexiona el gerente y verdaderamente merece la pena escucharlo con atención-: recuperó la salud de su negocio -y la mental: “vivo más tranquilo, no tengo tanto estrés”- y la relación con sus clientes -que tiene claro que son los usuarios y no la compañía-, que en algunos casos ya empezaba a verse comprometida al tener que seguir directrices impuestas por la aseguradora y lo que ellas suponen: escatimar en la calidad de las reparaciones para reducir costes.
Fue un cambio, sin duda, a mejor. El negocio es otro… y asegura que lo que hace ahora es muy sencillo: “Antes a lo mejor tenía veinte coches y me daban dinero cinco. Ahora lo que hago es no tener esos quince que no me daban dinero… gano con los cinco, trabajo menos y en el taller no estoy con el látigo para sacar los tiempos”. También los cobros son más rápidos: “Hago la reparación, el cliente me paga a mí y a veces al día siguiente la compañía ya se lo ha pagado a él. Si tú trabajas bien, el cliente no te va a faltar porque te va a elegir a ti”. Que el taller de carrocería debe quitarse esa dependencia de las compañías, venía a decir…
Además de hablar de baremos, peritos, de los abusos de las aseguradoras -vetos, imposiciones de materiales, etc.- contaba cómo ser concertado saca lo peor de uno, obligando a quienes lo son a cometer fraudes -contaba algunos que él mismo ha vivido- “porque si no el dinero no les llega”, pero que acaban repercutiendo al resto del sector: “el taller de carrocería no está al límite; los talleres concertados, sí lo están”.
Por último, lanzaba un ‘aviso a navegantes’ a las aseguradoras que llega de la mano de Talleres Unidos, la iniciativa -no asociación- que han lanzado para defender los derechos del taller de carrocería en esta complicada situación, y una contundente propuesta: “Si les cerráramos las puertas, esto se solucionaba en quince días, porque se iba a colapsar todo, pero hay que hacerlo”.
Una charla con muchas claves, que dio para mucho -porque demuestra cómo un mismo taller puede ser un negocio totalmente distinto en función de si es o no concertado-, y que todo el sector debería escuchar: muchos se sentirán identificados y a otros les puede hacer verlo todo diferente, hasta llegar a tomar una decisión sin precedentes.



Lo de cerrarles las puertas es lo único para arreglarlo de una vez pero hace falta la unión