El Campus Elige Calidad Elige Confianza (ECEC), iniciativa impulsada por Sernauto, ha puesto el cierre a su tercera edición esta misma mañana en un acto celebrado en el Cupra City Garage de Madrid, que ha contado con la asistencia de los fabricantes de componentes integrados en la iniciativa y por supuesto los protagonistas: los alumnos de Formación Profesional participantes -junto con sus docentes- que, de la mano de Irene Pardo, responsable de Máketing y Comunicación de MANN+HUMMEL Ibérica, han recibido sus diplomas.
Además, ECEC ha aprovechado la ocasión para acercar a los jóvenes a un sector que demanda cada vez más técnicos cualificados y para transmitirles el valor de la profesión que desarrollarán de aquí en adelante, que es clave para la sociedad. Lo hacían en una mesa redonda protagonizada por Pablo Reyes, presidente de Fundación Comforp; Ana Ávila, directora corporativa de Conepa; Luis Ursúa, vicepresidente ejecutivo de Cetraa; y Borja Sánchez, responsable de Grandes Cuentas para España en Osram, donde se ponían de manifiesto ideas interesantes para la cantera de nuestro sector.
Una de las primeras, que los profesionales hoy deben combinar conocimientos de mecánica, electricidad, electrónica e informática para responder a la creciente complejidad de los vehículos actuales. Pablo Reyes (Fundación Comforp) abría el debate reflexionando sobre cómo ha cambiado el perfil de los alumnos y de los profesionales de la reparación: «Antes se aprendía fundamentalmente observando y trabajando en el taller. Hoy en día no solo es necesaria la práctica, sino una formación técnica muy cualificada».
Y es que, como se señalaba, las operaciones de mantenimiento y reparación actuales exigen seguir protocolos específicos marcados por los fabricantes, e incluso operaciones aparentemente sencillas requieren actualmente acceder a plataformas digitales, realizar calibraciones o seguir procedimientos electrónicos específicos: «Ya no es el trabajo mecánico que se hacía hace años. Hoy hay que trabajar siguiendo protocolos de seguridad muy estrictos porque esa seguridad afecta a todos los vehículos que circulan por nuestras carreteras».
Borja Sánchez (Osram) incidía en esta idea: «Hoy en día la complejidad de los vehículos es máxima. Todos los sistemas interactúan entre sí y eso hace que la reparación sea mucho más compleja», comentaba sin dejar de destacar que los sistemas de asistencia a la conducción, sensores y dispositivos electrónicos exigen conocimientos específicos por parte del profesional. Por ello, lanzaba un mensaje claro sobre la importancia de seguir las indicaciones de los fabricantes: «Uno de los errores que no se puede permitir un taller es saltarse un procedimiento. Detrás de cada procedimiento hay pruebas y validaciones realizadas por el fabricante para garantizar la seguridad».
Sánchez también defendió el uso de componentes homologados y de calidad: «Un recambio que no sea el adecuado puede provocar fallos que aparentemente no parecen importantes, pero que al final afectan directamente a la seguridad», y defendió el papel del taller como principal garante de la seguridad: «Detrás de cada reparación siempre hay una persona. No solo quien conduce, sino también quienes viajan con ella y el resto de usuarios de la vía».
La tecnología avanza más rápido que la formación
Uno de los momentos más relevantes de la mesa redonda llegó cuando Pablo Reyes (Fundación Comforp) abordó la dificultad que tienen muchos centros educativos para mantenerse al ritmo de la innovación tecnológica: «La realidad es que existe una diferencia importante entre la tecnología que tenemos en las calles y la que tenemos en muchos centros educativos», reconoció.
Ponía el ejemplo de los vehículos eléctricos, cuya formación requiere instalaciones específicas, medidas de seguridad y profesorado especializado: «No todos los centros están preparados para impartir formación práctica sobre vehículos eléctricos. Necesitamos que administración, empresas y centros educativos trabajen juntos para reducir esa brecha tecnológica», pidió.
El taller es seguridad
Por su parte Ana Ávila (Conepa) defendió durante su intervención una idea que compartieron todos los participantes: el taller es un actor esencial dentro de la cadena de la seguridad vial: «Cuando un vehículo no funciona, quien lo devuelve a la movilidad sois vosotros. Sois los médicos de los coches. El taller es una pieza fundamental de la seguridad vial», afirmó dirigiéndose a los estudiantes.
Sin embargo, la responsabilidad no puede recaer únicamente en los profesionales: «Si el usuario no lleva el vehículo al taller para hacer las revisiones y mantenimientos preventivos, el taller poco puede hacer. Esto es una cadena en la que participamos todos», explicó.
El taller debe educar al cliente
Por su parte, Luis Ursúa (Cetraa) destacó el papel del taller como asesor técnico y educador del usuario: «Nosotros no vendemos piezas; vendemos seguridad, confianza y garantía».
En este sentido explicó que el profesional debe ser capaz de justificar las reparaciones y explicar al cliente por qué determinadas operaciones son necesarias: «Muchas veces el precio no es lo más importante. Lo que realmente valora el cliente es el servicio, la calidad y la confianza». Y es que la transparencia es clave para generar credibilidad: «Hay que dedicar cinco minutos a explicar qué se ha hecho en el vehículo y por qué. Eso genera confianza y fideliza al cliente».
La actitud marca la diferencia
Aunque si hay algo que estuvo presente durante toda la mesa fue la preocupación por la falta de relevo generacional. Ana Ávila (Conepa) destacaba que «la edad media de los profesionales del taller está entre los 54 y los 55 años»: «Si no incorporamos nuevos profesionales, tendremos un problema muy serio en los próximos años», alertó lanzando un mensaje a los estudiantes: «Los talleres os necesitan. Si tenéis ganas de aprender y de trabajar, os van a recibir con los brazos abiertos», afirmó: «Necesitamos profesionales cualificados y necesitamos gente joven. Tenéis una gran oportunidad por delante».
Eso así, a la hora de ofrecer consejos a quienes están a punto de incorporarse al mercado laboral, se hizo especial hincapié en la actitud: «Humildad, aprendizaje y paciencia; hay que saber escuchar y preguntar. Los compañeros que llevan más tiempo son una fuente de aprendizaje enorme»; y en la necesidad constante de formación: «Terminar de estudiar no significa dejar de formarse. En automoción hay que seguir aprendiendo durante toda la vida profesional».
Para terminar Ana Ávila (Conepa) lanzaba un potente mensaje a los estudiantes: «Tened la convicción de que no os habéis equivocado».
Más premios
Además de la entrega de diplomas, el Campus ECEC reconoció a los cinco alumnos con mejor puntuación del programa, que recibieron material aportado por las marcas participantes en la iniciativa. El primer puesto fue para Adrián Gil Artalejo, seguido de Alejandro Cubas García en segunda posición, Laura Bóveda Vicente en tercer lugar, Pablo Bosos Sánchez en cuarta posición y Víctor Carpintero Fernández, que completó el ránking de los mejores clasificados.
La organización también quiso destacar la implicación de los centros de Formación Profesional que han acompañado a los estudiantes durante el programa, con un reconocimiento especial para el IES Humanejos (Parla, Madrid), el IES Isidor Macabich (Ibiza) y el IES Alarnes (Getafe, Madrid).


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