Después de algunos días reflexionando y escribiendo sobre otras cosas (las vacaciones invitan a eso), he recibido llamadas de diferentes actores del sector muy sorprendidos con las últimas actuaciones de las patronales dirigidas a denunciar la situación de los talleres de carrocería y anunciando las próximas actuaciones hasta final de año.
He llegado a la conclusión de que cada uno vive en su propia burbuja y que muchas veces la ignorancia es la principal razón de la “felicidad” en nuestro sector. Unas veces por autocomplacencia y otras veces porque ignorar los problemas es una manera de paliar los sufrimientos que generan, siguiendo adelante y que sea lo que Dios quiera.
Mi experiencia en este mercado me ofrece una visión de la situación de la carrocería española y de cómo nos estamos acercando a una crisis sin parangón.
Quiero por ello ofrecer varios ejemplos con datos reales de negocio recogidos en mis auditorías a lo largo de estos años, de los estudios sobre costes de hora que he realizado recientemente en diferentes provincias para CONEPA (Madrid, Córdoba, Granada, Burgos. Murcia, etc.) y de datos públicos sobre aspectos relacionados con las compañías aseguradoras en la rama de autos.
En 2010, el taller tipo podría ser este:

En este supuesto hablamos de un taller de carrocería con una facturación de 800.000 euros, al que nadie presiona en su decisión de compra de repuesto y en el que el recambio supone un 50% de su facturación. Se trata de un negocio que obtiene un 25% de beneficio de las piezas, teniendo en cuenta que debe darle un 10% a la compañía aseguradora. Un contexto en el que además existe una competencia férrea entre concesionarios de la misma marca para llegar al objetivo, sacrificando en muchos casos todo el margen comercial en esta venta de recambio.
En la mano de obra, que representa un 40% de su negocio, pierde un 15%, ya que no es capaz, con el precio que le marcan las compañías, de cubrir todos los gastos que tiene; además debería ser más eficiente pero no puede o no sabe, debería revisar procesos, etc. Pero lo compensa con el recambio y con el material de pintura que aunque no representa más que un 10% ayuda de alguna manera.
El taller obtenía un 8% de rentabilidad que, estando muy lejos de otros tiempos, era aceptado con un discurso ciertamente pernicioso que instaba a los talleres a ir a volúmenes y crecer ya que en el volumen era donde estaba la rentabilidad…
Pero esos ratios de volumen y de rentabilidad van a cambiar rápidamente.
Llegamos al año pasado, pandemia superada y créditos no pagados (veremos lo que pasa este año cuando haya que pagar…), y después de muchos esfuerzos NOS DAMOS CUENTA QUE EL MERCADO HA CAMBIADO: la siniestralidad es más leve, los sistemas de seguridad de los constructores de vehículos funcionan, el carnet por puntos, etc.
Y nos presentamos ante un taller tipo como este:

Y vemos cómo el recambio ya no supone un 50%, sino que supone un 40% porque la palabra de moda es REPARABILIDAD, básicamente porque tenemos uno de los parques automovilísticos mas envejecidos de toda Europa, porque los constructores de vehículos no han hecho más que subir las tarifas de los recambios en vista de que las ventas de VN se les desplomaban y porque, con la guerra de precios en las primas de los seguros, no era de recibo poner un paragolpes que vale 500 euros de PVP a un perjudicado que paga 280 euros por su seguro a terceros para un coche de 15 años.
Claro, aquí ya empezamos a tener un problema, porque baja el recambio y sube la mano de obra, donde seguimos perdiendo dinero, más si cabe porque las actualizaciones de precio en la mano de obra han sido exiguas o directamente inexistentes y los convenios colectivos han subido… por no habla de la luz, el gas, los residuos: todo en general ha subido. Y ahora no perdemos el 15%, perdemos el 20%, pero claro de un 46% que supone la mano de obra. En esta situación, los ratios negativos se disparan.
Mientras, los constructores se han dado cuenta de que poner a competir a sus concesionarios en la venta externa no conduce a nada, y que a lo único que les lleva es a vender lo mismo pero con menos margen, por eso deciden unificar la venta de recambio en unos macro distribuidores (muchos menos) y eso nos hace bajar desde un 25% a un 23: cada vez menos elementos en la suma positiva.
¿Qué hacemos ante esta situación?
Pues nada, vamos a apretarles las tuercas a los fabricantes de pintura porque además les estoy comprando más (es lo que tiene reparar, que se gasta más material de pintura que sustituyendo). Y en esas nos ponemos y empezamos a apretar hasta darnos cuenta de que la cosa cede y que donde me daban un 10% y luego un 20%, pues si me pongo fuerte puedo llegar a un 35%, dando lugar a un sinsentido en gran parte propiciado por las constantes subidas de los fabricantes de pintura (en muchos casos más de un 10% anual) y un desorden del mercado basado en la desesperación de muchas pymes que ven como su negocio no les deja rentabilidad alguna, salvo un sueldo y muchas noches sin dormir pensando en las familias que dependen de ese taller.
Y llega la economía global ayudando a crear la tormenta perfecta. Cerramos el año 2021 con un 6,5% de IPC (y subidas de las compañías de un 3% de media) y claro la situación del taller tipo se nos plantea de la siguiente manera:

Con este panorama y las intenciones de REPARABILIDAD de las compañías, el objetivo es bajar un poco más el recambio y que la mano de obra represente alrededor de un 50%, sin tener en cuenta que el taller perderá un 30% este año y que el INE refleja una inflación anual estimada del IPC en julio de 2022 del 10,8%, con un subyacente del 6,1% (índice general sin alimentos no elaborados ni productos energéticos).

Resumiendo:
- MÁS costes
- MÁS elementos de explotación en negativo
- MENOS margen de beneficio en las partidas y en el total.
¿Qué hacer entonces?
Pues apretamos un poco más la pintura, tampoco la cosa da para más… El caso es que nos vemos facturando más que nunca y ganando menos o nada.
Un 1% de rentabilidad no tiene justificación posible, pero sí muchas consecuencias en el tiempo. Y si los responsables de las compañías aseguradoras creen que esto no es su problema, se equivocan.
Los talleres de carrocería son unos supervivientes, va en su ADN, lo han demostrado a lo largo de toda la historia y no va a ser fácil acabar con ellos. Si tengo un taller que no puedo ni quiero cerrar, me buscaré las mañas para que las reparaciones me generen la rentabilidad necesaria para mantenerme. Los pequeños saldrán adelante, se autoemplean y necesitan pocos recursos. Los que pegaron el salto y creyeron que los volúmenes eran la solución, aguantarán lo que quieran aguantar los bancos y los más grandes, y esos en muchos casos respaldados por las marcas buscarán fusiones estratégicas y diversificarán todo lo que puedan, ya que hoy por hoy es muy difícil vivir únicamente de una especialidad.
Desde mi experiencia, conviviendo día a día con todos estos talleres, querría instar a los responsables de las compañías aseguradoras a que reflexionen y se hagan cargo del problema de rentabilidad de sus “socios” los talleres y que apliquen las políticas de sostenibilidad desde el sentido común. De nada sirve pensar en reducir la huella de carbono si sus proveedores tienen que despedir gente y cerrar el negocio.
Esta muy bien presentar unas cuentas estupendas que presentar a los inversores, pero tan importante o más que eso es ENTENDER LAS NECESIDADES DE SUS PROVEEDORES DE SERVICIOS Y ADELANTARSE A UNA SITUACIÓN QUE EN NADA VA A BENEFICIAR AL NEGOCIO ASEGURADOR.
Al resto de actores del sector, protagonistas de MOTORTEC, decirles que si la gallina se muere… a ver quién paga la fiesta dentro de dos años. Son muchas las empresas que dependen de que el taller de carrocería perdure en el tiempo: ayudémosle y no miremos para otro lado como si esto no fuera con nosotros.
Y sobre todo, y muy importante, pedirles a estas empresas que no colaboren a poner los clavos en el ataúd, a aquellos que por ignorancia o ambición van a conseguir que nuestros clientes, los que nos dan de comer, desaparezcan.
Me despido dejando claro que esta es mi lectura personal del mercado. Aunque sea una foto en blanco y negro, ni mucho menos la única, quizá equivocada y seguramente rebatible, pero la hago basada en datos de todos estos años como consultor y con la preocupación y amor por el sector de los talleres que tantas satisfacciones me ha dado y en el que me gustaría jubilarme.




Muy bueno Víctor
Hablas de aplicar sentido común a la cadena de valor, desde arriba. Pero en este país, sociedad, sector…. A quien le ha importa. Cansado ya de escuchar la palabra sostenibilidad.
Cuando la cuerda se tensa tanto se acaba rompiendo,y casi siempre por la parte más débil,pr eso el taller tiene que formarse en todos los sentidos para precisa.ente no ser el punto más débil de esa cuerda,Soluciones SIAUTO es la mejor opción,lo digo por experiencia.
por fin veo un comentario para hacérnoslo mirar tal y como están la situación de los talleres. Son unos comentarios muy certeros para que las aseguradoras valoren los talleres de forma profesional Ya que nos necesitamos unos a los otros taller y aseguradoras como todos aquellos sectores que nos rodean. Efectivamente no ahí nada que añadir al escrito de VICTOR ya que mejor no se puede redactar pero si recordarle a las aseguradoras que todos somos un equipo y si quieren jugar en primera y en Champion . Tienen que pagar bien a sus jugadores ya que sino serán partidos de barrios. BUENO . VICTOR GÁMEZ ENHORABUENA Y UN FUERTE ABRAZO.
De lo mejorcito que puede leer uno en medio de tanto «entendido» del sector de la automoción.
Lo mejor que he leído en mucho tiempo, claro clarinete.
La llamada al resto de actores (fabricantes, proveedores, aseguradoras, mediadores, etc.) está muy bien justificada. La automoción es un ecosistema empresarial donde todos dependemos de todos. Y cuando un ecosistema se altera, TODOS sufren las consecuencias. Un claro ejemplo. La tierra tiene un diámetro de 12.740 Km. Una vez se estrelló contra ella un meteorito de tan solo 10 km de diámetro. En pocos años el 70% de las especies desaparecieron, de ellas todas las de especímenes más grandes. Los dinosaurios no tenian depredadores, pero desaparecieron. Ya nada volvió a ser igual.
Dos preguntas en el aire: ¿Cómo se enfrentaría el mercado asegurador a un sector tan escaso de empresas y profesionales reparadores que no dieran a basto a reparar los siniestros de sus pólizas? ¿Cómo actuarían unos talleres con tanta demanda de trabajo que se pudieran permitir elegir clientes?
Hace falta una reflexión de sector y Víctor lo alude en este artículo. Buen enfoque.
Perfectamente explicado. Enhorabuena.
Buen articulo, auq da susto leerlo jejej , pero es la realidad, a ver por donde sale todo esto…….