Mientras muchos talleres españoles luchan por sobrevivir ante la subida de costes, un joven valenciano decidió dar un giro radical a su vida. José Miguel Olegario, conocido como Josemi, tenía un buen trabajo en un taller de la Comunidad Valenciana, pero decidió dejarlo todo para probar suerte en Australia. Hoy, con solo 24 años, dirige allí su propio taller de mecánica y una empresa de compra-venta de coches en Australia, donde asegura que emprender es «infinitamente más fácil que en España».
Josemi conoce bien la situación que viven muchos talleres en España. Tras años trabajando como mecánico, asegura que el problema no es la falta de trabajo, sino los costes y la presión fiscal: «Las cuotas de autónomo son altísimas. Si quieres montar un negocio, te hunden antes de empezar», afirma.
Mientras en España los talleres pelean con márgenes cada vez más estrechos, en Australia la realidad es muy distinta: «Aquí los primeros 18.000 dólares -15.500 euros aproximadamente- que ganas son limpios, sin impuestos. Eso te permite arrancar y coger impulso. En España eso sería impensable».
El valenciano critica que el sistema español penaliza al que emprende y desanima a los jóvenes: «Muchos compañeros míos querían abrir su propio taller, pero entre las cuotas, los seguros, los impuestos y el alquiler, es imposible competir. Algunos han tenido que cerrar».
Josemi emigró a Gold Coast, en la costa este australiana, en 2022. Al principio trabajó en un taller local, pero solo necesitó medio año para dar el salto: «Me hice autónomo con una furgoneta y cobraba unos 1.400 dólares a la semana. A los pocos meses abrí mi propio taller. Ahora tengo tres empleados españoles y gestiono una flota de 60 coches», explica.
La diferencia, según él, está en la simplicidad del sistema australiano: menos burocracia, menos presión fiscal y más apoyo al pequeño empresario: «Aquí es todo más sencillo. Puedes trabajar, crecer y ahorrar. En España cuesta años ver resultados; aquí, en uno solo, ganas lo que allí en veinte».
«En España todos están quemados»
El joven valenciano reconoce que no todo ha sido fácil. Los primeros meses fueron duros: 12 horas de trabajo al día, siete días a la semana y sin apenas dominar el inglés. Pero asegura que el esfuerzo ha valido la pena: «Trabajo en lo que me gusta, tengo mi negocio y vivo tranquilo. En España la gente está quemada, agotada por el sistema», denuncia.



