Podríamos estar hablando de que se trata de un problema estructural el que afronta el sector del mantenimiento de vehículos en nuestro país. Son ya muchos testimonios de profesionales que alertan de cómo los talleres se ven desbordados ante el incremento de demanda de servicios de reparación, y no parece que se vaya a encontrar una solución a corto plazo. Así lo hacían saber los talleres de Palencia hace escasas semanas, y ahora nos encontramos con el mismo problema en la comarca gallega de Pontevedra, según publican en El Faro de Vigo.
Más coches antiguos, más reparaciones
La antigüedad del parque sigue en aumento, lo que significa que “hay mucho más trabajo porque cosas que antes no se reparaban, ahora sí”, explica Toño Rodríguez, gerente de Talleres Porteliña, uno de los más grandes de la zona. La incertidumbre ante el salto a vehículos híbridos o eléctricos y los elevados precios de los coches nuevos hacen que muchos conductores opten por reparar vehículos muy antiguos, lo que incrementa la carga de trabajo. “Antes la gente se planteaba comprar un coche nuevo ante ciertas averías. Ahora, como los precios siguen tan altos, prefieren arreglar lo que tienen, aunque tenga muchos años”, resume Rodríguez.
Esta circunstancia se ve agravada por la incertidumbre reinante en el mercado, ya que es difícil elegir qué coche comprarse: ¿un gasolina o diésel con etiqueta C que tal vez se vea afectado por las zonas de bajas emisiones antes de finalizar su vida útil? ¿Un coche con hibridación suave, un «full-hybrid» o uno con gas para tener la etiqueta ECO? ¿O cómo elegir entre un híbrido enchufable y un 100% eléctrico?
Falta de personal cualificado
Uno de los factores clave en el colapso de los talleres es la falta de personal cualificado. Aunque hay aprendices, su incorporación a la producción es costosa y lenta. “Te cuesta tanto como un oficial de primera y no siempre tienen motivación”, lamenta Toño Rodríguez. Además, cuando se produce alguna baja, “no hay autónomos para cubrirla”.
Una situación similar vive Raúl Mesías, del Taller Autobox, en el barrio pontevedrés de O Burgo. “No hay mano de obra. Yo soy el dueño pero también trabajador. Muchas veces cierro el portal y sigo un par de horas más para poder sacar el trabajo”, afirma.
Talleres pequeños y sobrecargados
Los talleres con estructuras reducidas también sufren la presión. “Mi taller es pequeño, somos dos personas, y hay semanas en las que entran varios coches de golpe. Hay que hacer malabares”, comenta Mesías. “Pero también es cierto que cuanto más grande es el taller, más problemas tiene”, añade.
En Marín, Agus Balagones, de Taller Axial, destaca otra realidad preocupante: cada vez quedan menos talleres. “No hay relevo profesional y eso se nota”, afirma. En su caso, son tres autónomos los que sostienen el negocio. “Contratar a alguien sin experiencia no es asumible. Una persona a jornada completa cuesta más de 2.300 euros al mes y necesita al menos un año para empezar a rendir”, señala.
Recambios, menos problemáticos, pero más lentos
A pesar de la saturación, el suministro de recambios no es el principal cuello de botella, aunque sí ha perdido agilidad. “Recambios hay, pero ya no llegan en el día como antes. Va todo bajo pedido”, apuntan desde varios talleres. Los problemas son mayores cuando se trata de coches con más de 10 años, donde es habitual tener que recurrir a piezas de desguace.
Tiempos de espera en función del tipo de reparación
Dependiendo del tipo de intervención, los tiempos de espera pueden oscilar considerablemente. Las tareas de mantenimiento todavía se resuelven en dos o tres días, pero una reparación como cambiar el embrague o una correa de distribución puede llevar entre una y dos semanas. “Y si es algo grave en el motor, te puedes ir perfectamente a tres meses”, afirma Toño Rodríguez.
Agus Balagones corrobora esta realidad: “Lo normal es tener que esperar entre 15 y 20 días. Yo ahora mismo no tengo hueco hasta el 30 de mayo”.
La situación en Pontevedra no es única, pero refleja un fenómeno que se repite en muchas zonas del país: falta personal cualificado, los talleres desaparecen y el parque móvil envejece. El resultado es una presión creciente sobre los talleres que siguen en activo, que deben hacer frente a una demanda creciente con recursos limitados.



