«No me gustaría pensar que el problema ‘Talleres-Aseguradoras’ no tiene solución, pero conforme se desarrollan los acontecimientos y las conversaciones que tengo con ambas partes, todo me lleva a pensar que el enfoque que se le da al conflicto por parte de los talleres es erróneo.
Me explico: los talleres piden cosas que son perfectamente aceptables, necesarias y urgentes pero el problema radica en la actitud que mantienen con las aseguradoras. Piden unos precios/hora, unos baremos, etc., pero firman voluntariamente otras condiciones totalmente distintas con las aseguradoras, haciendo cola para concertarse y que de esta manera les envíen unos coches que no tienen sin ser concertados.
Quiero que la aseguradora me redireccione clientes, pero no me gustan ni acepto las condiciones de precios y descuentos que me propone. Lo dicho: quiero un pollo gordo pero que pese poco.
La ley es muy clara al respecto: ninguna aseguradora ni perito pueden imponer un precio/hora al taller distinto al que éste tiene marcado en su tablilla, pero claro, si el taller ha firmado previamente un acuerdo con la aseguradora donde acepta esas condiciones… La imposición ya no es tal y el hecho se convierte en un acuerdo comercial entre dos empresas donde la ley nada tiene que decir.
Si yo como taller llego a la conclusión de que necesito ser concertado del mayor número de compañías para tener el volumen de reparaciones que me permitan mantener a la gente que tengo trabajando en mi negocio, pero las condiciones que me plantean no me permiten ganar dinero, pues creo que la decisión es dolorosa pero sencilla: EL CIERRE.
Sí, el cierre: ya ha pasado en nuestro país con otros negocios como los videoclubs o las tiendas de discos, los salones de máquinas recreativas, etc. Negocios que con el paso del tiempo han resultado inviables de mantener y que han dejado de funcionar.
Si llego a la conclusión de que tengo un fondo de clientes que confían en mí porque me lo he ido ganando con los años y que quieren reparar los coches conmigo, vamos a ayudarles a ejercer sus derechos frente a las aseguradoras. No quiero ser concertado, negocio con las aseguradoras unos precios que me permitan seguir adelante, y si no lo consigo, pues ahí está la ley para evitar que mi negocio desaparezca: LA NEGOCIACIÓN Y LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DE NUESTROS CLIENTES.
Yo creo que esta segunda vía es posible, pero me planteo una pregunta: ¿Cómo vamos a intentar cambiar este sistema, que está totalmente podrido, y a negociar con las compañías aseguradoras cuando somos los primeros en pedir la concertación y firmar las condiciones de las que luego nos quejamos por considerarlas abusivas?
Reflexionemos todos y pensemos si realmente el problema va a tener solución si seguimos haciendo lo mismo, aceptando el sistema que nos han diseñado las aseguradoras… Y esperando un resultado diferente».




Estoy totalmente de acuerdo en que la mayoría de talleres desean ,entre comillas, disfrutar de la gran cantidad de trabajo que les puede aportar una aseguradora pero no ven el yugo al que les someten, solamente cuando han firmado las condiciones empiezan a sufrir las consecuencias, piensan una cosa y acaban haciendo lo contrario.
Considero que es posible revertir la situación creando una estructura pericial/legal de parte que dé soporte técnico al taller y soporte legal al asegurado desde el momento inicial del siniestro, es decir, peritos y abogados independientes que den soporte a la reclamación frente a la indefensión que a través del taller les obliga la aseguradora. Hay que estudiarse muy bien la Ley de Talleres y la Ley del Contrato de Seguro, son marcos distintos desde los que se puede llevar a cabo la defensa de los intereses del asegurado en virtud de una reparación.
un saludo
Si hubiera 8000 aseguradoras y 25 talleres de chapa y pintura y fueran estos los que determinaran los baremos de valoración de los siniestros, ¿Qué dirían las aseguradoras?
En fin, la libertad de negociar está muy bien cuando hay suficientes elementos en el mercado que igualen las condiciones. Cuando hay un oligopolio la cosa se complica.
Cuando un taller colabora con una aseguradora, al principio es todo muy ideal, pero a medida que se van introduciendo talleres en la zona, el pastel se va reduciendo. Además, se disponen mecanismos de control de las reclamaciones por trabajos mal realizados, por actitudes no deseadas, por infinidad de motivos que la compañía resuelve sancionando al taller, disminuyendo la faena, etc. Es el propio taller el que se «somete» a la aseguradora. ¿Por qué un taller desea, si fuera posible, ser el único colaborador de todas las compañías? Eso es, como diría José Mota, «ansia viva». Cada taller tiene que definir su propio estilo y actualizarse día a día para dar la mejor calidad posible, pero lo que no me cabe la menor duda es que debe defender su negocio asesorándose técnica y legalmente. Debe protegerse. Por sí sólo cualquier lucha está perdida.
No me gustaría pensar que el problema “talleres–aseguradoras” no tiene solución, pero conforme se ven los números, todo me lleva a pensar que no es una cuestión de actitud de los talleres, sino de un sistema totalmente desequilibrado.
Me explico: en España, casi el 90 % de las reparaciones de carrocería entran por aseguradora. En 2022 se derivaron a talleres 4,9 millones de reparaciones, con una facturación de 4.321 millones de euros. En 2024 esa cifra bajó a 4.364 millones, casi un 10 % menos que en 2023. Y no hablamos de un mercado libre, hablamos de un mercado en el que los vehículos están obligados por ley a estar asegurados, y donde 10 compañías concentran casi el 80 % del mercado.
La ley dice que ninguna aseguradora puede imponer un precio distinto al que marca el taller en su tablilla, pero la realidad es que si no aceptas sus condiciones, el coche no entra. ¿De qué libertad estamos hablando cuando un taller necesita 46 €/h para ser viable y la aseguradora paga 34,6 €/h? Eso no es una negociación entre iguales, es una imposición.
Se suele decir que “los talleres firman voluntariamente acuerdos”. Sí, pero ¿qué alternativa hay? Si no firmas, te quedas fuera de un flujo que controla la práctica totalidad del mercado. No es comparable a negocios que desaparecieron como los videoclubs: aquí los coches seguirán necesitando reparaciones, pero con un sistema diseñado para que los márgenes del taller estén siempre al límite.
La cuestión no es si tenemos buena o mala actitud, sino que los talleres estamos atrapados en una estructura dominada por unas pocas aseguradoras que marcan las reglas. Mientras no haya un cambio real en el modelo, seguirán decidiendo por nosotros y empujando al límite la rentabilidad de nuestros negocios.