Esa fue una de las ideas centrales del programa Desayunos Ruta 2030 de Negocios TV, donde Carlos Salas Arribas, director general y comercial de Leaseway España, defendió que el taller debe evolucionar del rol de “reparador” al de “centro de movilidad”, integrando el vehículo de sustitución en su propuesta de servicio.
Durante la conversación, Salas insistió en un punto práctico: la movilidad del cliente no es un “extra” sin coste, sino un servicio que conviene poner en valor y, sobre todo, tarifar de forma transparente. En el debate se citó como ejemplo un precio de referencia (25 euros) para que el taller empiece, al menos, a visualizarlo como un servicio equiparable a la mano de obra en términos de comunicación al cliente.
El directivo enmarcó esa flota de movilidad dentro de una lógica de gestión del taller: no solo para “hacer un favor”, sino para ordenar entradas y entregas, reducir fricciones con el cliente y ganar margen operativo. En su planteamiento, disponer de coches de sustitución permitiría incluso ajustar la agenda: por ejemplo, facilitar que algunos clientes dejen el coche en momentos menos críticos para el taller, mejorando la planificación de capacidad.
Diferentes talleres, diferentes necesidades
Uno de los mensajes repetidos en el programa fue la diversidad del mercado español: desde pequeños talleres rurales muy orientados a mecánica pesada hasta carrocerías urbanas, especialistas rápidos o talleres ya acostumbrados a trabajar con flotas. En esa heterogeneidad, la flota de movilidad no encaja igual en todos los casos: para algunos, puede ser prescindible; para otros, especialmente en reparaciones de más días, se convierte en un argumento de retención de cliente.
En paralelo, se apuntó que la demanda de movilidad es mayor en clientes con vehículos relativamente recientes (por necesidad de uso y poder adquisitivo), mientras que en vehículos muy antiguos el patrón de consumo y de reparación suele ser distinto.
Renting, coche joven y reputación del taller
Salas explicó que, en su modelo, el objetivo es que la flota de movilidad del taller esté compuesta por vehículos jóvenes, para minimizar incidencias, mantenimiento y riesgos de imagen. En el programa se habló de ciclos de alquiler de 24 a 36 meses, con kilometrajes típicos contenidos para este tipo de uso, buscando que el taller no convierta la movilidad en otro foco de problemas operativos.
También se mencionó que, al final de los contratos, pueden abrirse opciones de canalización hacia vehículo de ocasión, con fórmulas cerradas para clientes (por ejemplo, canales internos), aunque se remarcó que el núcleo del negocio, en este caso, es el alquiler coyuntural orientado al taller.
El “talón de Aquiles”: profesionalización y mano de obra
Más allá de la movilidad, el programa giró hacia un diagnóstico clásico del sector: la dificultad para encontrar perfiles (mecánicos, pintores, carroceros) y el reto de que muchos propietarios sigan ejerciendo más como técnicos que como gestores. En ese punto, Salas defendió la necesidad de “pensar como empresario”: medir rentabilidad real, ordenar procesos y priorizar inversiones, incluso en negocios pequeños.
Se habló, además, del papel de la formación y de la figura del aprendiz como vía para asegurar continuidad, en un mercado donde conviven relevo generacional irregular y nuevas entradas de profesionales.
Medianos bajo presión en un mercado que se concentra
Finalmente, se dibujó un escenario de concentración y segmentación: grandes estructuras con capacidad de absorber tecnología y servicios, pequeños que sobreviven por capilaridad, y talleres medianos expuestos a una doble presión (costes, captación de talento y exigencias de plazos, especialmente si trabajan con flotas). En ese contexto, el mensaje final fue claro: la flota de movilidad no es “el futuro” por sí sola, pero puede ser una pieza útil dentro de una estrategia más amplia de eficiencia, experiencia de cliente y gestión del taller.


