La Sala José Luis Carreras de la Cámara de Comercio de Zaragoza acogió el pasado 27 de mayo la tertulia titulada «El taller ante el espejo», organizada por Atarvez, la Asociación de Talleres de Reparación de Vehículos de Zaragoza, en el que representantes del sector analizaron algunos de los principales retos que afronta la posventa en la provincia.
En el coloquio participaron José Manuel Serón Galindo, presidente de la patronal zaragozana y gerente de Talleres Florencio; Eduardo del Molino Romero, vicepresidente de la asociación y gerente de Automoción Miraflores; Jazmina del Pilar Recalde, gerente de Taller Hermanos Lugo, como ejemplo de negocio de reparación de la provincia; y Cristina Muñoz Gómez, secretaria general de Atarvez, que moderó una conversación centrada en las aseguradoras, la formación, la presión normativa y la necesidad de una mayor implicación de la administración.
La jornada permitió abordar una realidad compartida por buena parte de los negocios de reparación: el taller actual trabaja en un entorno cada vez más tecnológico, pero también más complejo desde el punto de vista económico, laboral y normativo. Y lo hace, en muchos casos, con estructuras muy pequeñas, en las que cualquier nueva obligación administrativa o cualquier baja laboral tiene un impacto directo sobre la productividad.
Los talleres de Zaragoza y la presión de las aseguradoras
Uno de los bloques centrales del encuentro fue la relación entre los talleres y las compañías de seguros, especialmente en los negocios de chapa y pintura, donde el peso de las reparaciones procedentes de aseguradoras puede condicionar de forma decisiva la rentabilidad.
Desde Atarvez se recordó que las aseguradoras son empresas, pero también lo son los talleres. Por ello, la asociación defendió que la relación entre ambas partes debe basarse en la negociación y no en la imposición de condiciones.
“Las aseguradoras son empresas, no son ONG. Pero es que los talleres tampoco son ni ONG ni bancos que financien los regalos que se están ofertando en las pólizas”, se defendió durante el coloquio, en referencia a determinados servicios incluidos en las pólizas que acaban siendo asumidos por los reparadores.
El problema, según se expuso en la jornada, no se limita al precio de la mano de obra. También afecta a los servicios añadidos que algunos conciertos exigen al taller, como la limpieza del vehículo, la recogida y entrega, el coche de cortesía o incluso determinados costes vinculados a la ITV tras un siniestro.
Durante el coloquio se citó el ejemplo de una tarifa teórica de 43 euros por hora que, una vez aplicadas cláusulas, descuentos y servicios exigidos sin contraprestación suficiente, acababa desplomándose en más de 11 euros. La consecuencia, según los representantes del sector, es una paradoja cada vez más frecuente: talleres con mucho trabajo, agendas llenas y una elevada carga operativa que, sin embargo, pueden perder rentabilidad cuanto más volumen asumen.
Atarvez insistió en que cada taller debe decidir su política de precios y su relación con las compañías, pero subrayó la importancia de dotar al gerente de herramientas para conocer sus costes reales, revisar sus contratos, defender sus argumentos y perder el miedo a negociar con la aseguradora.
Negociar, no imponer
La asociación maña defendió que, en una relación entre empresas, debe existir un equilibrio. Si una compañía garantiza un volumen de trabajo y el taller decide aplicar un descuento sobre su tarifa, esa decisión debe ser fruto de una negociación, no de una imposición.
El mensaje fue especialmente claro en relación con los talleres concertados. Desde Atarvez se advirtió de que muchos acuerdos incorporan obligaciones que el taller asume como parte del servicio, pero que rara vez se valoran en su coste real.
Eduardo del Molino insistió en la necesidad de que cada negocio calcule con precisión cuánto le cuesta abrir la puerta cada día. No basta con fijarse en lo que cobra el taller vecino ni en una tarifa de referencia. Hay que sumar instalaciones, personal, herramientas, seguros, vehículos de cortesía, ITV, mantenimiento, productos, gestión administrativa y todos los recursos necesarios para prestar el servicio.
Solo así, defendieron los participantes, el taller puede saber si un determinado concierto le permite ganar dinero o si, por el contrario, le obliga a trabajar por debajo de sus costes.
El cliente también queda afectado
La jornada también puso sobre la mesa el impacto que esta relación puede tener sobre el cliente. Aunque la factura se gestione a través de la compañía, el propietario del vehículo sigue siendo cliente del taller, y es el taller quien asume la garantía de la reparación.
Por este motivo, los participantes defendieron la necesidad de mantener informado al usuario en todo momento, especialmente cuando la aseguradora plantea determinadas condiciones de reparación, el uso de ciertos materiales o valoraciones que pueden no recoger todos los trabajos necesarios.
El taller, se recordó durante el encuentro, es quien responde técnicamente por la intervención realizada y quien asume la responsabilidad directa sobre la seguridad vial del vehículo reparado. Por eso, los representantes de Atarvez reivindicaron el criterio profesional del reparador frente a decisiones tomadas desde un despacho y basadas en baremos económicos.
José Manuel Serón Galindo, presidente de Atarvez, puso el foco en la responsabilidad del taller ante el cliente. “La garantía la das tú”, recordó, al explicar que el reparador es quien debe responder si el vehículo vuelve por el mismo problema o si la reparación no se ha realizado con las garantías necesarias.
En este sentido, desde la asociación se insistió en que el cliente debe conocer qué ha contratado en su póliza y qué consecuencias puede tener una valoración insuficiente del daño. También se recordó que, en determinados siniestros, puede haber daños ocultos que solo se detectan al desmontar el vehículo y que no siempre están contemplados en una primera peritación.
Formación y relevo generacional en la posventa
El segundo gran eje de la tertulia fue la formación. Atarvez alertó de que el sector afronta una “jungla laboral” en la que el gran desafío es mantener la persiana subida y hacerlo de forma rentable.
Durante el encuentro se estimó que, en los próximos cinco años, alrededor de 80 autónomos y propietarios de talleres de la provincia podrían jubilarse. Este dato sitúa el relevo generacional como uno de los principales riesgos para el tejido empresarial de la reparación en Zaragoza, especialmente en un contexto en el que los vehículos incorporan cada vez más electrónica, software y sistemas avanzados.
Los participantes coincidieron en que el taller actual necesita técnicos cada vez más especializados. La imagen tradicional del mecánico ha quedado superada por una realidad en la que la diagnosis, la digitalización y la interpretación de datos forman parte del trabajo diario.
Serón reconoció que el sector vive un momento de incertidumbre, pero también quiso lanzar un mensaje constructivo. “Es época de incertidumbre, pero también de oportunidades. Al final tenemos que ser capaces de darle la vuelta y buscar las oportunidades, que las hay”, afirmó.
La FP Dual fue señalada como una herramienta necesaria, pero todavía imperfecta para la realidad de muchas pymes. Según se expuso durante la jornada, el modelo actual traslada una parte importante del coste y de la tensión organizativa al gerente del taller, que debe dedicar recursos, tiempo y personal cualificado a formar al alumno.
El problema, según los representantes del sector, es que muchas veces el aprendiz llega al taller con poca destreza práctica y requiere una dedicación intensa por parte de oficiales o propietarios, lo que reduce la productividad del negocio. Además, se advirtió de que el coste real para el taller no queda suficientemente compensado por las bonificaciones existentes.
Atarvez defendió la necesidad de conectar mejor el talento sénior con el talento júnior, pero insistió en que ese esfuerzo no puede recaer exclusivamente sobre la pyme.
Serón también puso el foco en la necesidad de evitar que se pierda el conocimiento acumulado por los profesionales que están cerca de la jubilación. “Tenemos que ser capaces de que esa sabiduría de la gente que se va a jubilar la pueda transmitir a alguien. Si no, no vamos a tener profesionales, ni de mecánica, ni fontaneros, ni electricistas, porque se va a terminar el oficio”, advirtió.
Un taller más tecnológico, limpio y digital
Durante la tertulia también se quiso combatir el prejuicio que todavía pesa sobre la profesión de mecánico. Los representantes de Atarvez reivindicaron que el taller moderno de Zaragoza es tecnológico, limpio, digital y ofrece condiciones laborales cada vez más adaptadas a las nuevas demandas, con horarios más flexibles y medidas de conciliación.
Además, se recordó que el convenio del metal en la provincia se sitúa por encima del SMI y que muchas empresas complementan esos salarios con incentivos vinculados a las habilidades y al rendimiento de los profesionales.
La inteligencia artificial también apareció en el debate, aunque con un enfoque práctico. Los participantes coincidieron en que, en los oficios, la IA debe entenderse como una herramienta más, al igual que sucede ya en muchos talleres. Sin embargo, subrayaron que el futuro de la reparación seguirá dependiendo de profesionales formados, con criterio técnico y capacidad para intervenir sobre vehículos cada vez más complejos.
Una normativa que encorseta al taller
El tercer gran bloque se centró en la carga administrativa que soportan los talleres, especialmente las pymes y micropymes. Atarvez recordó que el taller medio de la provincia cuenta con entre tres y cinco personas, por lo que cualquier nueva obligación normativa tiene un impacto directo sobre la productividad.
Durante el coloquio se criticó la complejidad de algunas obligaciones y la falta de adaptación de determinadas normas a la realidad de los negocios familiares. Entre los ejemplos citados apareció la exigencia de protocolos pensados para estructuras empresariales mucho mayores, que en talleres pequeños generan cargas difíciles de gestionar.
Cristina Muñoz explicó que uno de los momentos más delicados se produce al abrir un taller o asumir un traspaso. En esos casos, un mal asesoramiento puede derivar en problemas con licencias, instalaciones, metros del local, prevención de incendios, residuos o requisitos industriales. Y algunas de esas situaciones no siempre tienen una solución sencilla.
La experiencia de Talleres Hermanos Lugo sirvió para ilustrar la complejidad que supone poner en marcha un proyecto de reparación. Yazmina Recalde explicó que el traspaso del negocio fue mucho más que una operación empresarial: fue un proyecto de vida. En su caso, la ayuda de la asociación fue determinante para avanzar en un proceso lleno de dudas y trámites.
También Eduardo del Molino recordó las dificultades que afrontó al tener que abandonar el local donde trabajaba de alquiler y buscar unas nuevas instalaciones. “Un taller no es una frutería”, señaló, en referencia a la complejidad que implica trasladar maquinaria, adaptar un local, cumplir con las condiciones exigidas y obtener la autorización municipal para desarrollar una actividad industrial.
Atarvez explicó que trabaja para facilitar la aplicación de los cambios normativos, desde la revisión preventiva de contratos de traspaso hasta la elaboración de plantillas y herramientas prácticas para los talleres. El objetivo es evitar que los reparadores hereden problemas ocultos, sanciones medioambientales o incumplimientos derivados de instalaciones antiguas.
La asociación insistió en que la prioridad del taller debe ser reparar vehículos, atender al cliente y mantener la rentabilidad del negocio, no quedar atrapado en trámites que restan horas de trabajo efectivo.
Más implicación de las administraciones
El encuentro concluyó con una llamada a reforzar el diálogo con las administraciones. Desde Atarvez se defendió que el sector no debe limitarse a enumerar problemas, sino trasladar propuestas concretas ante el Gobierno de Aragón y otros organismos competentes.
La asociación considera necesario avanzar en medidas de apoyo fiscal, en la simplificación de procesos administrativos y en una respuesta más adecuada a problemas laborales como el absentismo repetitivo o las bajas de difícil gestión para microempresas.
En la clausura del encuentro, Serón reivindicó el papel de Atarvez como punto de apoyo para los negocios de reparación. “La asociación está detrás para todo lo que se necesite. Haciendo conjunto y haciendo grupo tenemos mucho más peso y vamos a conseguir mucho más”, señaló.
El mensaje final fue de unidad sectorial. Para Atarvez, cuantas más voces se sumen al debate, más argumentos tendrá la asociación para defender a los talleres ante administraciones, aseguradoras y otros operadores. En un momento de transformación tecnológica, presión normativa y tensiones económicas, los talleres de Zaragoza reclaman condiciones que les permitan seguir reparando vehículos con seguridad, profesionalidad y viabilidad empresarial.
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Si os parece bien que nos paguen a 27 y 28 euros de puta madre, trabajar vosotros y recordar que no se negocia. Los talleres están cerrando por vuestra incompetencia y soportando hasta el doble de lo que nos pagan la mano de obra y en la pintura cambiamos el dinero de mano. Sinvergüenzas.